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SOBRE EL PENSAMIENTO DE FRANTZ FANON EN PIEL NEGRA, MÁSCARAS BLANCAS Y "RACISMO Y CULTURA"1, ENTRE OTRAS REFLEXIONES RELEVANTES

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Blanca Zulema Ballesteros Trujillo2
Fecha de recepción: julio de 2016
Fecha de aceptación: agosto de 2016
Resumen
Este ensayo recupera, analiza y amplía críticamente las ideas de Frantz Fanon sobre las relaciones de sujeción que, por su condición de raza, sufren los pueblos oprimidos, y cómo la interiorización de las formas extrañas de vida afecta y compromete sistemáticamente las formas de pensar, sentir, decir y hacer sus vidas. Fanon pretende develar la lógica del sometimiento, así, expone críticamente las razones del complejo proceso del ciclo de enajenación y las razones del "blanqueamiento cultural" que el dominado ejercita "voluntariamente" en la configuración de su subjetividad. Enfatiza también en la necesidad de construir la emancipación mediante la toma de una conciencia lúcida y crítica. Además, insiste en explicar que el desarrollo de las fuerzas productivas actualiza y sofistica las diversas formas de explotación en la sociedad moderna.

El texto alude también a algunas ideas importantes de pensadores que, desde diversas corrientes de pensamiento y ángulos críticos, apoyan el planteamiento de reivindicación socio político y cultural. Las líneas del ensayo pretenden mostrar la pertinencia e impacto de las ideas de Fanon en la reflexión de la realidad latinoamericana y boliviana, marcadas aún por la compleja e irrefutable huella colonial.

El racismo nunca es un elemento agregado, descubierto al azar de una investigación en el seno de los elementos culturales de un grupo. La constelación social, el conjunto cultural son profundamente transformados por la existencia del racismo.


Frantz Fanon

Frantz Fanon3 se preocupa profundamente por el racismo, por sus causas y sus consecuencias. Concibe el asunto como ".? .un elemento de un conjunto más vasto: el de la opresión sistemática de un pueblo" (Fanon, 1965: 40), en el que la lógica de la destrucción de los valores culturales, las formas de existencia, la lengua, la vestimenta y la desvalorización de las técnicas propias son identificadas como prácticas constantes en la conducta del pueblo oprimido. Se trata de una relación de sujeción y poder en la que "el panorama cultural es desgajado, los valores burlados, borrados, vaciados" (Fanon, 1965: 41). Situación de relación de poder en la que se niega el reconocimiento de la existencia del oprimido en lo más básico de su integridad humana; circunstancia que involucra el amplio espectro de una subjetividad que se encuentra no sólo negada sino atrapada. Postura que conduce a que esa misma sujeción contribuya a regenerar y a reforzar el ciclo de dominio constante en el que se encuentra, mediante las grotescas prácticas de "blanqueamiento cultural" que ejercita disciplinadamente, buscando imitar el canon cultural impuesto.

Los miembros de las culturas oprimidas son deshumanizados y tratados como objetos, con los que se mantiene relaciones mecánicas y utilitarias de uso y abuso exclusivo. Ellos mismos son instrumentos funcionales que aniquilan, no sólo la energía de su cuerpo, sino también el aliento de su espíritu. Escenario en el que el desarrollo de las fuerzas productivas marca, de manera inminente, nuevas maneras y ritmos en las diferentes formas de opresión. Asimismo, el cambio tecnológico juega un papel importante, puesto que su versatilidad no tiene consideración ni límite alguno frente al cuidado, mantenimiento, reproducción y preservación de la vida. Es más, contribuye a su completa invisibilización y descarte.


Fanon afirma que "[l]a perfección de los medios de producción provoca fatalmente el camuflaje de las técnicas de explotación del hombre y, por consiguiente, de las formas del racismo" (Fanon, 1965: 43) de modo irreversible, porque arrasa con todo derecho humano. En esta dinámica, el discurso de opresión y su práctica se especializa y complejiza, adquiriendo diversos matices; tornándose completamente instrumental. Asimismo, inventa, actualiza y garantiza la producción y reproducción de las formas de suj eción, renovando "gradualmente" las relaciones sociales de explotación que se expresan en su más amplia gama en la era de la gran mentira de desarrollo técnico, económico, político, social y cultural: la Globalización y el "Sistema mundo". Escenario de poder ante el que la humanidad se inclina masivamente de manera irreflexiva, convirtiéndose en parte vital del nefasto entramado de su engranaje.

Por otro lado, el desarrollo técnico permite que el pueblo colonizado se encuentre frente a una forma de "dominación organizada". A propósito de esto, Fanon afirma que el racismo es una "disposición inscrita en un sistema determinado" (Fanon, 1965: 49) y ordenado por la racionalidad del imperio, cuya inteligencia se expande de manera intrincada, pero segura, hasta cubrir la totalidad del orden simbólico de la vida.

El proceso de globalización, en el que estamos insertos, ilustra de sobremanera la personalidad subyacente del sistema colonial o neocolonial, así como la ductilidad disciplinada con que la mente y el cuerpo se someten a la dinámica dialéctica perversa de retroalimentación permanente de dominación, que compromete, sin escrúpulo ni límite alguno, la totalidad de las esferas y modos de vida.


Fanon insiste en revelar, para desmantelar, la mecánica de la imposición del saber de la cultura dominante, porque percibe que arrasa con el sistema de referencia del pueblo oprimido en forma sistemática y con distinta intensidad por múltiples vías. La mentalidad del pueblo sufre un franco proceso de enajenación que provoca la actitud insana y dañina del sentimiento de auto desprecio. La pretensión es la de debilitar y aniquilar la voluntad de sus miembros en favor de la mantención de un sistema de opresión que logra instalarse en los lugares más íntimos de su cultura, alterando su manera de sentir, pensar, decir y hacer su propia vida. Logrando que las conductas de sumisión aprendidas sean el instrumento más eficiente y eficaz de su destrucción.

En el proceso de autodestrucción, la pérdida de afecto por uno mismo es relevante, social y culturalmente, porque se convierte en un medio competente para garantizar la pervivencia de las relaciones sociales que el orden del régimen colonial requiere. En estas circunstancias, el lenguaje resulta que es su arma principal, porque los colonizados discriminan el uso de su propia lengua a favor de la del conquistador.

Recordemos que, en Piel Negra, Máscaras Blancas, Fanon explica los sentimientos de dependencia e insuficiencia que las personas de raza negra experimentan en un mundo blanco que detenta el poder. Este autor habla de la autopercepción dividida de la personalidad negra que ha perdido su originalidad cultural nativa y ha abrazado la cultura ajena en detrimento de sus propios intereses humanos. Además, explica que por el complejo de inferioridad acuñado en la mente de su personalidad, los miembros de la cultura oprimida tratan de imitar y apropiarse del código cultural del colonizador, consagrando así la compleja relación amo/esclavo de la que, como se dijo, son parte.

Fanon presenta tanto una interpretación histórica como una acusación social subyacente que involucra la realidad de los pueblos que han sufrido el proceso de colonización y, asimismo, aprenden a comportarse de acuerdo con las reglas impuestas por el régimen colonial, de manera que las formas de sometimiento se encuentran aprehendidas sin discusión.

Resalta que ante ese grotesco e inhumano escenario, el proceso de sujeción se revierte cuando surge la conciencia de la inutilidad de la enajenación en el oprimido y, además, cuando el ser que ha sido regularmente violentado lucha "con conocimiento de causa" contra todas las formas de explotación y enajenación frente al llamado constante del "ocupante" y, asimismo, manifiesta rotundamente su decisión de asimilarse a su cultura arrebatada.

Esta actitud da un giro inteligente y sorpresivo en toda esa forma de pensamiento y existencia cuando se resiste a seguir escuchando la falsa voz de la sirena que seduce y encierra, pero además cuando se reconoce que ese timbre ha perdido su encanto ante el ejercicio lúcido de su conciencia crítica. Entonces, los seres oprimidos orientan la mirada hacia sí mismos, se reconocen y reincorporan, cuestionan y abandonan el sentimiento de temor a la esclavitud que los degrada. Es un momento de discernimiento, elección y construcción de libertad que hiere y sana simultáneamente.


Los oprimidos, ofendidos y humillados, los vilipendiados de la historia que toman conciencia de su situación, son los únicos protagonistas capaces de romper el silencio que ha negado su voz y presencia por siglos. La comprensión del daño y la recuperación de sus afectos e inteligencia desarticulan radicalmente las piezas del discurso de sometimiento que, entre otras cosas, ha desorganizado sus modos de vida negándoles todo derecho.

Aquí recogemos las palabras de Fanon: "En todas partes los hombres se liberan atropellando el letargo al que la opresión y el racismo los habían condenado" (Fanon, 1965: 43). Y hacemos eco del impacto de ellas en las luchas socio-culturales de Bolivia y Latinoamérica.

El proceso de resistencia se fortalece con el contacto de las huellas de su pasado através de la memoria, así "el inferiorizado pone enjuego todos sus recursos, todas sus adquisiciones, las viejas y las nuevas, las suyas y las del ocupante" (Fanon, 1965: 52). Los seres del pueblo ofendido y humillado se enfrentan mente a mente, cuerpo a cuerpo, cara a cara, con la fuerza adversa dominante. Su lucha es humana y legítima; sus perspectivas, otras. La resistencia es la consigna para recuperar el valor de "sus vidas" y hacerlas verdaderamente propias, dislocando radicalmente el orden del sentido del discurso hegemónico, al que se atreven a enfrentar porque comprenden la afirmación de Ravinovich, cuando interpreta el pensamiento de Levinas4:

La historia impuesta por los vencedores pretende con violencia borrar la memoria de los vencidos. Esta historiografía debe leerse cuidadosamente, al modo de un palimpsesto, porque la escritura de la misma en manos de "los militantes del olvido"... es más borramiento que escritura, es la huella de una violación. Fosa colectiva de vidas desaparecidas, de pensamientos de la diferencia, esta historiografía "civilizada" no es otra cosa sino el acta de defunción de la memoria plural (Levinas, 2000: 32).

Fanon afirma que "[e]l fin del racismo comienza con una repentina incomprensión" de esa situación de vejamen, actitud que interpreto como la fuerza de la conciencia, resistencia y memoria de los pueblos oprimidos que recuperan su verdadero ajayu5 y la sensibilidad para atreverse a observar y descifrar la eminencia de su paisaje sociocultural; a apreciar el valor de su cultura por sí mismos, resignificando, nombrando, organizando y viviendo a su manera. Ejercicio en el que prima el deseo no-transable de emancipación y la necesidad humana de sentirse sujetos de igualdad, respeto y derecho que su condición subalterna les ha negado a través de la historia.

Fanon piensa que la universalidad reside en la decisión de darse cuenta del relativismo recíproco de las culturas diferentes, una vez que se abortael estatuto colonial y sus consecuencias. Es la utopía posible que se construye con el esfuerzo de alentar la lucha de liberación de los pueblos agobiados. Empresa a la que se adhiere la familia Latinoaméricana, incluyendo, por supuesto, Bolivia. País en el que es necesario observar, cuidadosamente, el sentido del "proceso de cambio" que vive actualmente, identificando críticamente el verdadero lugar que ocupa la raza indígena mayoritaria y la irrelevante minoría dispersa. Para ello es preciso escudriñar la significación de las complejas relaciones socioculturales que se entretejen, porque preocupa, sobremanera, la serie de polaridades construidas en ese ambiente. La consistencia del discurso político y su relación con la práctica es otro aspecto que no se termina de comprender. En ese contexto incierto surgen las siguientes preguntas:

¿Cuál es en verdad la propuesta? ¿Cuál el sentido de la misma? ¿Estamos ante una promesa de reivindicación cultural que no se puede cumplir? ¿Cuál es la causa?

Ante la posibilidad de la confrontación entre la cultura dominante y dominada que delinea Fanon, surgen otros cuestionamientos:

¿Será posible la construcción de una mirada justa, capaz de transformar la perversa lógica colonial que replica su dinámica en los distintos ámbitos de la vida, afectando sus relaciones y prácticas?

¿Se podrá cuestionar y eliminar las grotescas formas de colonialismo interno incrustadas en la mentalidad colectiva y el sistema de opresión actual? ¿Cuál es la forma posible de hacerlo?

El problema compromete el adentro y afuera del contorno social latinoamericano y "moderno" en el que los derechos humanos de las numerosas colectividades inferiorizadas son negadas a cada instante.

Los cuestionamientos planteados nos enfrentan con la necesidad de conciliar el discurso con la práctica política en todos los ámbitos de la vida humana, así como la urgencia de ejercitar el cuidado integral del entorno sociocultural con el más alto sentido crítico y ético; condición necesaria para conservar el interés común sin discriminación alguna, protegiendo ante todo la seguridad de los derechos humanos de las personas, las que de manera recurrente han sido obligadas a sortear sus vidas en el círculo vicioso del olvido. Esa es la promesa a cumplir.

Es posible la construcción de un mundo otro si se mira con sinceridad de frente y se afronta la necesidad social de manera prioritaria, orientando la distribución de los recursos de manera pertinente, asegurando los resultados de fuerte impacto social en el marco del diseño y aplicación de políticas sociales intersectoriales integrales importantes.

Pienso que es necesario empeñarse en hacer posible un sistema de educación integral, inclusivo, sólido, lúcido, coherente, viable, social y culturalmente pertinente, garantizando además la implementación de una amplia perspectiva genérica como gran transversal para garantizar paridad. Porque, ya es obvio, no se puede descolonizar sin despatriarcalizar6, como bien afirma el colectivo boliviano de Mujeres Creando. En ese sentido, la resonancia social de una educación para la vida en igualdad es relevante.

El cuidado del recurso humano es imprescindible para efectuar cualquier cambio. No se puede actuar al margen de los únicos agentes capaces de sentir, pensar y transformar lo suyo. Es necesario entonces restablecer el valor de nuestra cultura y mentalidad, en diálogo productivo, creativo y ante todo crítico.

El orden del pensamiento, el discurso y la práctica tienen que ser consecuentes con la interiorización de una conciencia social comprometida para hacer posible el legado de la voz de nuestros ancestros: "Ama Sua, Ama Llulla, Ama Que lla", que nos repite por siglos: No seas ladrón, No seas mentiroso, No seas flojo; sumado al Ama Llunk'u y Ama Amach'in, sugeridos como yapa7 recientemente por el autodenominado "libre pensante", sacerdote jesuita, antropólogo y lingüista, Xavier Albó8, que quieren decir "no seas adulón" y "no te calles", respectivamente.

Se sufre discriminación, olvido y violencia impune sin ningún asombro, puesto que esa forma de vida se ha naturalizado en los órdenes de la vida, privada y pública, en desmedro siempre de los grupos más vulnerables de la historia; mayorías infantilizadas y tratadas instrumentalmente, al lado de minorías negadas, sin voz ni voto, que no tienen otra manera de afrontar sus días si no es mendigando y/o corrompiendo su mente, cuerpo y espíritu, con la sola esperanza de encontrar un lugar donde sobrevivir en silencio, como si fueran "los verdaderos condenados de la tierra" -mencionados también por Fanon-, bajo el chantaje socio cultural, político y económico de "vivir" un día más, al margen de sus más preciados anhelos de realización humana. Así, se trata de una franca vejación existencial e intelectual, mediada por una amenaza que los compromete con las consecuencias inminentes de lo que ello significa para su descendencia y, además, la dinámica social del círculo vicioso en el que inevitablemente se encuentran insertos.

En este mundo de necesidades básicas que claman por una atención inmediata, imposibles de cubrir, sobre todo por la falta de voluntad política, todo es posible; basta escuchar los comentarios callejeros en cualquier lugar, oír los noticieros en las radioemisoras locales, leer los matutinos en cualquier medio, escrito o digital, sin importar la fuente o el desarrollo técnico, o simplemente observar la realidad del entorno para estar frente al mismo estribillo de desorden social. En ese sentido, preocupan las aberrantes imágenes sociales cotidianas de violación de los derechos fundamentales, porque ellas ilustran una realidad que urge cambiar.


El tema se complejiza y la discusión se amplía porque se nota la pervivencia de las repugnantes formas del régimen colonial, transformadas en otra manera de ejercicio del poder, cuya lógica involucra al ser y el saber como dispositivos articulados en torno al logro de su finalidad, sin discriminar la utilidad de medio alguno.

La brutalidad del régimen colonial no ha terminado, sólo se ha transformado. Su dinámica es constante, cuasi líquida, tal como afirma el sociólogo Bauman9 en el conjunto de sus producciones que se refieren a la vida moderna, donde mira, desde distintas aristas críticas, la cualidad de sus efectos nefastos en la degradación de la vida de los seres humanos, quienes se encuentran sujetos a la lógica del poder y del mercado, que hace de ellos una mercancía más.

En este contexto, continúa girando sin parar la rueda del sometimiento. Se actualiza de manera permanente, creciendo y reproduciéndose por diversas instancias, mediante el conocimiento y el desarrollo técnico funcional que brinda la época; incluyendo, por supuesto, las propuestas del arte mayor y las diferentes formas del quehacer humano, sean éstas reales o simbólicas, alimentadas por la insania de la lógica del poder instalado en toda el engranaje de la sociedad, tal y como advierte Wallerstein10 en los tres tomos de su obra El moderno sistema-mundo, escritos que no debiéramos dejar de repasar atentamente, porque aportan a la ciencia histórica con un nuevo modelo teórico para repensar críticamente la lógica del mundo en el que el ser humano se encuentra supeditado, consumiendo irracionalmente todo cuanto los diversos mecanismos del mercado le imponen, incluyendo, entre otras, la única mercancía capaz de generar valor: la vida misma.

Así es como la oferta ilimitada define e incluye de manera selectiva, sin temor a repetir, la vida humana. No otra cosa significa el monstruoso comercio actual de la trata de personas, flagelo de este siglo y holocausto cotidiano. Sus cifras compiten ventajosamente con el saldo que dejan las transacciones mercantiles globales paralelas, ante el desequilibrio de la absurda permisividad del medio.

Fanon no admite medias tintas ni falsas verdades, piensa que "la lucha es total de golpe, absoluta" (Fanon, 1956: 52). Las posiciones inciertas son leales al sistema de dominación que hay que aprender a reconocer y combatir, pensando crítica y autónomamente desde el propio referente, como insiste el filósofo Dussel11, sin dudar y asumiendo la razón y sentimiento de la propia cultura, la forma de existencia, la lengua, la vestimenta, los saberes y las prácticas a los que se pertenece, aspectos con los que corresponde lidiar creativa, lúcida y pro-positivamente, de manera oportuna y pertinente, antes que sea demasiado tarde.

Es urgente y necesario desprenderse de las costras mentales que impiden mirar y apreciar el propio color de la piel y la verdadera cualidad de nuestra cultura, la cual yace privada del más mínimo afecto, cuna y fosa de la razón de su postergación y olvido. Los diversos matices del tono de la cultura latinoamericana proponen una estética de la vida que no es necesario alterar con ningún ejercicio mental de despigmentación sociocultural, porque lo único que retroalimenta esa conducta es la prolongación de la práctica lacerante del auto desprecio y la humillación propia del "el otro" humillado, que busca la diferenciación sociocultural en un proceso de falsa construcción de identidad. En verdad, necesitamos saber, íntima y colectivamente, ¿quiénes somos?, ¿desde dónde pensamos, decimos y hacemos cuanto deseamos?, ¿por qué? y ¿para qué?; tratando de aproximarnos para responder de manera conjunta estás difíciles preguntas sin maltratarnos.

El sentido de la concepción de otredad planteada por Levinas piensa que es necesario asumir con responsabilidad al otro; que, en sus términos, no es otro que el ofendido y pisoteado por la historia. Esta convicción de compromiso social sería saludable en el ejercicio de reconfiguración intelectual con ansias de restablecimiento cultural, sobre todo, ético. Asumir esta concepción orientaría de manera pertinente nuestros pasos, la gestión y administración de nuestros saberes y prácticas con el más alto sentido de justicia y equidad humana. Asimismo, sembraría la esperanza para hacer posible la construcción del puente necesario para que las diversas culturas puedan entablar un diálogo afectuoso y sincero.

Levinas sostiene que es urgente y necesario respirar el aire de la propia cultura, sin permitir nunca más que ninguna presencia sea abstraída por ningún ejercicio de poder, no volviendo a dejar que nuestros ojos se vuelvan a encandilar con el reflejo de otros nuevos falsos espejos, y de formas extrañas de desarrollo "productivo". Necesitamos abdicar de esa actitud para, ante todo, hacer posible una vida digna y realizar nuestros más preciados deseos; para poder construir nuestra propia utopía histórica posible y el "horizonte de visibilidad" en el que reconozcamos la importancia de nuestro protagonismo, como sugiere Hugo Zemelman12 en su obra de vida.

Es necesario que aprendamos a mirarnos como sujetos libres, responsables de una construcción histórica social relevante, a quienes no se nos pueda nunca más intentar borrar la memoria, ni canjear la cualidad del respeto por la vida.

A propósito de la utopía, y para apoyar su sentido histórico y propositivo, considero pertinente acudir al pensamiento de Franz Hinkelammert13, cuando afirma certera y críticamente que:

La utopía del siglo XIX ha sido siempre, yo creo, demasiado concebida como una sociedad del futuro, que paso a paso se mejora para acercarnos cada vez más a la utopía y vincular esos pasos con el desarrollo tecnológico, con el ingreso per cápita y cosas así. Yo creo que aquí la utopía deja de estar reducida, por lo menos reducida a una meta al futuro, más bien es una presión en cada momento para que se acerque a eso, lo que necesitamos, es una sociedad en la que quepan todos. Y en este sentido la utopía se transforma como en la raíz de una acción transformadora. Sin esta raíz, yo creo que ninguna transformación es posible. Entonces, se necesita el despertar, el retorno del sujeto, para que una acción de transformación o de transformación de la modernidad sea posible. Yo creo que las alternativas por hacer son mucho menos complicadas, son mucho más simples de lo que se cree. El problema es el empuje a su realización. Eso es hacer que aparezca una fuerza que impulse, pero no es ni transformación del sistema de producción o transformación de la propia visión. Todo el sistema de propiedad hay que transformarlo. Transformación de las relaciones de trabajo y todo eso es lo que hace falta hacer. Podemos transformar con relativa facilidad y en medidas necesarias. Pero en la situación en que estamos nadie va a tomar las medidas. Y los grupos que se manifiestan de por si no tienen fuerza. Detrás de eso está la necesidad de lo que llamamos retorno del sujeto en la cabeza de una sociedad o se puede decir también asegurar la legitimidad de las alternativas y la legitimad del sistema tal cual es. Esto no hemos logrado para nada. Hay una crisis de legitimidad del sistema, eso es cierto, pero la solución a esta crisis se la busca por una mayor agresividad que antes. El sistema es mucho más agresivo, sobre todo con el pretexto de los atentados de Nueva York, que es un pretexto en este sentido. Se mata, se destruye, se ataca países, se impone los ajustes estructurales como nunca y sin considerar nada. Es decir, la legitimidad debilitada del sistema está alimentando la agresividad mayor del sistema para recuperar por la agresividad la legitimidad. Y a eso hay que contestar y no se puede contestar con desarrollo de medidas. Las medidas tenemos que tenerlas presentes, saber discutirlas, pero necesitamos una fuerza en la raíz de las cosas, hacer el reclamo de la legitimidad perdida por razones concretas y rechazar los mecanismos de recuperación de esta legitimidad por vía de una mayor agresividad. Y ahí justamente vuelve el sujeto, eso es el sujeto, decir eso. Pero no solamente decirlo sino interiorizarlo, vivirlo, y a un nivel masivo. Que no se acepte más la solución de los problemas por un aumento de la agresividad. A eso tenemos que llegar (Hinkelammert, 2003: 26-28)


El espíritu latinoamericano debe aprender a inspeccionarse de manera vigorosa y sin temor, con el más alto y responsable sentido ético, tal como piensa Levinas, orientando sus pasos por la reivindicación de los seres más necesitados. Pienso que es necesario restablecer el legado de quienes, como Fanon, conciben que la construcción de una vida autónoma es posible y que su aspiración es legítima. Se trata de perder el miedo a la libertad.

El poder de la resistencia remueve todo vigor e iniciativa propia. Es el único factor que hasta ahora ha impedido que los pueblos condenados por la historia hayan logrado ser exterminados. La necesidad de la conciencia, por la que aboga Fanon como fuerza motora de cambio, es su máxima expresión:

El hombre no es solamente posibilidad de reemprendimiento, no sólo es negación. La conciencia es actividad de trascendencia; si esto es verdad, hemos de saber también que esta trascendencia está transida por el problema del amor y la comprensión. El hombre es un SI que vibra con las armonías cósmicas. Arrancado de cuajo, dispersado, confundido, condenado a contemplar la disolución, una tras otra, de las verdades por él elaboradas, el hombre dejará algún día de proyectar sobre el mundo una antinomia que le es coexistente (Fanon, 1973: 8).

Es necesario sembrar la necesidad de cultivar esa "masa crítica" que permita despertar y abandonar, de una vez por todas, las falsas verdades históricas y filosóficas adquiridas de memoria e irreflexivamente, porque están afincadas en contextos ajenos que no nos atrevemos a cuestionar por temor a la duda y el extravío; pero también por miedo a dar el paso trascendental de reconocimiento y encuentro con nuestra propia inteligencia, iniciativa y voluntad de emancipación.

Termino acudiendo a la reflexión del lector/a, haciendo eco de las palabras pronunciadas por el antillano Césaire en su Discurso sobre el colonialismo: "Yo hablo de millones de hombres a quienes sabiamente se les ha inculcado el miedo, el complejo de inferioridad, el temblor, la genuflexión, la desesperación, el servilismo" (citado por Fanon, 1973: 7).

Regalo al lector/a un pedazo importante del último trozo de Piel Negra, Máscaras Blancas, de Fanon, que dice así:

La desdicha y la inhumanidad del blanco es haber matado al hombre en alguna parte.

Aún hoy tratan de organizar racionalmente esta deshumanización. Pero yo, hombre de color, en la medida en que me es posible existir absolutamente, no tengo derecho a acartonarme en un mundo de reparaciones retroactivas.

Yo, hombre de color, sólo quiero una cosa:

Quejamás el instrumento domine al hombre. Que cese para siempre la esclavización del hombre por el hombre.

A decir de mí por otro. Que se me permita descubrir y querer al hombre donde esté.

El negro no es. No más que el blanco.

Los dos tienen que apartarse de las voces inhumanas que fueron las de sus antepasados respectivos a fin de que nazca una auténtica comunicación. Antes... tiene que empeñarse en un esfuerzo de desalienación. Al comienzo de su existencia, un hombre es siempre congestionado, ahogado en la contingencia. La desgracia del hombre es haber sido niño.

Los hombres pueden crear las condiciones de existencia ideales de un mundo humano mediante un esfuerzo de reacción de sí y de desprendimiento voluntario, mediante una presión permanente de su libertad.

¿Superioridad? ¿Inferioridad?

¿Por qué no intentar, sencillamente, la prueba de tocar al otro, sentir al otro, revelarme al otro?

¿Acaso no me ha sido dada mi libertad para edificar el mundo del Tú?

Al final de esta obra quisiera que los demás sintiesen como yo la dimensión abierta de toda conciencia (Fanon, 1973: 192).

Haciendo eco de la significativa herencia del sentimiento y las palabras de Fanon; con la intención de provocar un esfuerzo mancomunado, social y culturalmente relevante, en la elaboración de respuestas factibles para la cualificación de la vida latinoamericana y boliviana, termino preguntando: ¿cuál es el mundo posible que buscamos construir?

___________________________
Notas

1      Texto de la intervención de Fanon en el Primer Congreso de Escritores y Artistas Negros en París, septiembre de 1956.

2      Licenciada en Sociología, boliviana. Magister en Ciencias Sociales con especialidad en Políticas Sociales (FLACSO). Docente titular de la Carrera de Sociología, UMSA. Candidata a Dra. CIDES, UMSA. Coordinadora del Foro Sociedad, Género y Cultura, Carrera de Sociología, UMSA. E-mail: zuleballe123@hotmail.com

3      Martinica, 20 de julio de 1925 - Bethesda 6 de diciembre de 1961. Revolucionario psiquiatra, filósofo y escritor francés. Su obra es muy influyente en los campos de los estudios poscoloniales, la teoría crítica y el marxismo. Conocido como un pensador hu-manista existencial radical en la cuestión de la decolonización y la psicopatología de la colonización. Apoyó la lucha argelina por la independencia y fue miembro del Frente de Liberación Nacional Argelino. Su vida y sus trabajos, principalmente Los condenados de la tierra, han incitado e inspirado movimientos de liberación anticolonialistas durante más de cuatro décadas. Piel negra, máscaras blancas es también un libro relevante, en él se ocupa de la colonización cultural. Tuvo como amigo y mentor a Aimé Césaire, uno de los creadores de la teoría de la negritud.

4      (Kaunas, 12 de enero de 1906 - París, 25 de diciembre de 1995), importante filósofo y escritor judío. Consagró su vida y obra a la reconstrucción del pensamiento ético después de la Segunda Guerra Mundial. Pasó confinado en un campo de concentración alemán y en la que casi toda su familia fue asesinada. Natural de Lituania, desarrolló su trabajo en Francia e Italia, con breves estancias en Austria. Es conocido por sus trabajos relacionados con la fenomenología, el existencialismo, la ética, la ontología y la filosofía judía. Interesa por la fuerza que tiene su pensamiento alrededor de la reivindicación de los pueblos oprimidos y su concepción de la otredad.

5      Ánimo, espíritu, alma en lengua aymara.

6       Concepto que María Galindo reclama como propio del movimiento y denuncia que el mismo ha sido "plagiado" y distorsionado por el orden estatal vigente en Bolivia.

7      Voz quechua, igual que las anteriores, que significa "aumento", "añadidura", en castellano.

8      Antropólogo español (La Garriga, 1934, Cataluña). En 1951 se hizo miembro de la Compañía de Jesús, emigró a Bolivia en 1952 y se nacionalizó ciudadano boliviano. Doctor en lingüística, antropología y filosofía. Un prominente trabajo académico dentro y fuera de Bolivia, además de un trabajo social comprometido, acompañan su incansable trabajo intelectual. Recibió el Premio Cóndor de los Andes, en grado de Caballero, el 5 de abril de 2016.

9      Zygmunt Bauman (Poznam, 1925) es profesor emérito en la Universidad de Leeds y en la de Varsovia. Ha enseñado sociología en Israel, Estados Unidos, Canadá y otros países. Su extensa obra referida a los problemas sociales y a los modos en los que pueden ser abordados en la teoría y en la práctica, lo ha convertido en uno de los principales referentes en el debate sociopolítico contemporáneo.

10      Immanuel Wallerstein nació en la ciudad de Nueva York, el 28 de septiembre de 1930. Es sociólogo y científico social histórico. Es el principal teórico del análisis del sistema-mundo.

11    Enrique Dussel (1934) es un prolífico escritor argentino, filósofo, doctorado en ciencias de la religión e historia. Profesor de la UNAM y UAM en México, profesor invitado en varias universidades europeas. Actual coordinador de la Asociación Filosofía y Liberación. Doctor Honoris Causa de la Universidad de Fribourg-Suiza y UMSA-Bolivia.

12    Hugo Hernán Zemelman Merino (Concepción, 7 de octubre de 1931-Patzcuaro/ Mi-choacán 2013) es uno de los sociólogos más importantes de América Latina. Su actividad académica posterior a 1980 se volcó a la epistemología de las ciencias sociales, influyendo desde entonces a muchos investigadores de habla hispana.

13    Franz Hinkelammert (1931) Economista y teólogo alemán, exponente de la Teoría de la Liberación y de la crítica teológica al capitalismo. Es uno de los cofundadores del Departamento Económico de Investigaciones en San José de Costa Rica, junto con Hugo Assman y Pablo Richard. Obtuvo el doctorado en economía en la Universidad Libre de Berlín en 1960. Desde 1963 fue profesor de la Universidad Católica de Chile, hasta 1973. Después del golpe militar de Pinochet se estableció en Costa Rica y se dedicó a trabajar en el Departamento de Investigaciones. Ha criticado el modelo económico neoliberal, así como a los economistas Milton Friedman, y Friedich Hayeck y al filósofo Karl Popper. También criticó el pensamiento postmoderno en el libro El grito del sujeto. Caracteriza la etapa actual de la civilización occidental como "modelo in extremis", en la cual los aspectos más deshumanizantes y autodestructivos de la tradición occidental son llevados hasta límites no imaginados.

Bibliografía
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Tomado de:
http://www.revistasbolivianas.org.bo/scielo.php?pid=S0040-29152016000200008&script=sci_arttext

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