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Cosmogonía antigua mexicana. Rubén Bonifaz Nuño

Introducción.

 

Al igual que en el fondo de todas las grandes culturas, en el de la mexicana antigua enraíza una concepción cosmogónica explicativa, corren todos los casos, da la idea que en ella se hicieron acerca del destino del hombre y del mundo.

 

Según la hipótesis que desde hace algunos años propongo, la concepción de la cual crecen la unidad y el dinámico desarrollo de esa antigua cultura nuestra, revela al hombre como la entidad que, aliada con las potencias divinas, impulsa a éstas a la acción, y les proporciona, con su cuerpo mismo, la materia insustituible para la creación del universo.

 

 

Los ensayos que aquí reúno, se fundan en un antiguo texto cuya autenticidad es comprobada mediante la existencia de innumerables número de obras plásticas, auténticas sin duda, que con él coinciden y lo ilustran. Estas obras se ejecutaron en el espacio del antiguo México, durante un lapso de más de 25 siglos. El texto de referencia está incluido en la histoyre du Mechique, manuscrito francés del siglo XVI, del cual se dará repetidamente la versión en los sobre dichos ensayos, y que en su idioma original aparece como epígrafe de éste libro.

 

En él se leen como dos dioses, luego de haber hecho bajar al ser humano a la superficie de las aguas increadas, y tras advertir en él ciertas partes de naturaleza serpentina, sienten despertar en sí mismos la necesidad de crear; a fin de satisfacer la, se transmuta en ambos cada uno en una gran serpiente; descienden entonces, así transmutados, hasta el ser humano; lo hacen por pies humanos y, oprimiéndolo por en medio, lo dividen en dos; con las mitades así obtenidas quería la tierra y el cielo.

 

Tres imágenes principales aparecen en lo narrado por ese texto: las dos serpientes y la de un ser humano, los tres para estar en capacidad de efectuar la tarea creadora, se fundan en una unidad. La representación de tal unidad humanoserpentina aparece inicialmente en las obras plásticas de los olmecas; desde ahí se extiende se difunde por todos nuestros antiguos ámbitos de espacio de tiempo; los mayas, los zapotecas, los mixtecas, los teotihuacanos, los toltecas, los totonacas, la van figurando con rasgos propios de sus imperios espirituales y estilísticos. Tales figuraciones alcanzan su perfecta culminación y su síntesis entre los aztecas. Y seguido es el caso de la mano la imagen equivocadamente temido por la Coatlicue, la madre de Huitzilopochtli.

 

En ella la unión primordial del hombre y la serpientes divinas consumada para hacer factible la creación del universo, se ofrece en la minuciosa ostentación de su energía vivificante, y adquieren la facultad de establecer la significación y el sentido de la totalidad de las artes realizadas en distintos tiempos y regiones nuestros.

 

La hipótesis que planteo cumple el propósito de probar la unidad de nuestra cultura original, unidad que hasta ahora se ha puesto sin preocuparse para dar pruebas que la sustenten; además, viene a explicar, entre otras cosas, el incontenible dinamismo característico de esa cultura.

 

Porqué, de acuerdo con ella, el hombre, motor y materia inicial de la creación del mundo, asume en lo sucesivo su función creadora como obligación permanente. La creación no es un hecho instantáneo, sino un proceso interminable. El hombre a de cumplir la sin interrupción, tornando sobre sí el deber de encaminar hacia su perfección lo inicialmente creado.

 

Así se explica, dentro de la básica unidad cultural, la dinámica variedad de sus manifestaciones. Se explica así, por ejemplo, las diferencias entre la organización de la Venta y la de Palenque o Montalbán o Tenochtitlán. Una sola concepción la dirige: la humana obligación de aliarse a los dioses para crear, mantener y perfeccionar lo existente.

 

Nada debe permanecer en el estado en que todo fue creado. Todo, merced a la acción e incluso el sacrificio del hombre, ha de estar en perfecto movimiento ascendente hacia su perfección, mediante constantes esfuerzos, regidos por la humana conciencia de que los valores superiores son obligatoriamente realizables.

 

Los ensayos que integran este libro, repito, sin orientar a la demostración de la hipótesis expuesta hasta aquí. Algunos de ellos han sido ya publicados en lugares que en cada caso se señalan. Los otros son inéditos.

 

El primero de ellos trata de exponer, haciendo referencia a un acaso suficiente número de antiguos manifestaciones culturales nuestras, la presencia en ellas de un símbolo a la vez elemental y de complejidad extrema: el quincunce; esos cinco puntos de los cuales, hasta ahora, no se había ofrecido explicación que aclarara su omnipresencia.

 

Los cuatro siguientes se ocupan de intentos por ofrecer solución a problemas falsamente planteados y erróneamente resueltos, en lo que concierne a la cultura olmeca; tales problemas y sus soluciones han sido expuestos por autores extranjeros, especialmente estadounidenses, y en general están basados en perjuicios nacidos de la ignorancia con desprecio.

 

En “Los olmecas no son jaguares”, procuró poner a la luz la falsedad de la afirmación de que estos últimos van, con su presencia raíces a la primera manifestación de nuestra cultura original. El mismo sentido tiene “Dos imágenes serpentina olmecas”, donde estudió este número de casos concretos.

 

En “La boca de la Cabeza Colosal 3 de La Venta”, ensayo que, por Abelló encontrado datos nuevos para mí, he modificado en diversos aspectos, de vuestro el estudio y la frivolidad con los cuales se ha observado ese rasgo físico, fundamental para la efectiva comprensión no sólo de la pies en cuestión, sino de la totalidad de las Cabezas Colosales olmecas.

En “Michael D. Coe y los olmecas”, luego, por medio de varios ejemplos, la inconsistencia de los juicios de ese autor tan considerado y temido como dechado por sus compatriotas y desventuradamente, también por los nuestros que se dedican a esta clase de estudios.

 

Los dos que van a continuación tratan temas relacionados con la cultura azteca. “El recinto de las Águilas en el Templo Mayor” propone una interpretación de significado unitario de esta parte de las construcciones últimamente descubiertas en el centro de nuestra ciudad.

 

“Alrededor de la Tercera Oración a Tezcatlipoca”, es un trabajo también inéditos donde, a fin de establecer su autenticidad, relacionó este texto del Códice Florentino con la Piedra del Sol, y a partir de ésa relación formuló ciertas conjeturas. Se compone de varias secciones; en la inicial, encuentro en el texto náhuatl clara correspondencia con la sección central de esa escultura, correspondencia que me lleva a problemas que luego procuró esclarecer; de esta suerte, analizó etimológicamente el nombre mismo de la deidad a quien la oración se dirige, nombre que disparatada mente se ha interpretado como “Espejo humeante”, siendo que verdad significa “Humo del espejo”, la comparación de ese nombre con este significado, y los otros que la Tercera Oraciónse atribuyen a Tezcatlipoca, refuerza la exactitud de mi análisis. También con base en el mismo texto, calificó de errada la lectura literal del Apéndice a libro Tercero del mismo Códice Florentino, donde se habla de que, algún tiempo después de su muerte, los guerreros se transformaba de mariposas o colibríes; en la última sección, asimismo basado en la Tercera Oración, dijo que la diosa Itzpapálotl es personificación del cuchillo con el cual se ejecutaba el sacrificio supremo.

 

El último ensayo, “Lecturas iconográficas”, donde otra vez fundamento mi hipótesis acerca de la radical concepción cosmopolita de los antiguos mexicanos, me da ocasión para proponer una nueva vía hacia la efectiva comprensión de tales monumentos. Ellos no han de ser vistos como obras de arte, visión que hasta hoy ha sido prácticamente la única con que sea considerado, sino como páginas escritas que se abren a una lectura racional.

 

No necesitando de escritura Alfa bética, los criadores de nuestra antigua cultura expresaron sus lumbres y sus movimientos espirituales mediante formas plásticas, esos que ahora se presentan a nuestras necesidades de indagación.

 

Estos son los ensayos que ahora rulo en forma de libro. Al publicar los, espero contribuir en algo a la comprensión de lo que antes hemos sido los mexicanos, comprensión que naturalmente para llevarnos a la de lo que actualmente somos. Víctimas de seculares poderes de colonización, el cabal conocimiento de nuestros valores propios vendrá a fortalecer en nosotros las armas capaces de resistirlos y vencernos.

 

Para terminar, expresó aquí mis sentimientos de gratitud a la baronesa Lilian Álvarez de Testa quien, con su usual y eficaz generosidad, me ayudaba revisar el original mecanográfico, a ordenar la bibliografía que cito, y a reunir y disponer las ilustraciones de que en cada ensayo me valgo; por consejo suyo, y a pesar de que no pocas de tales ilustraciones aparecen más de una vez, he dejado completas, a fin de evitar dificultades al posible lector, aquellas que por orden a cada uno le corresponden.

 

Tomado de:“Cosmogonía Antigua Mexicana.Hipótesis iconográfica y textual”De Rubén Bonifaz Nuño.Seminario de Estudios para la Descolonización de México.UNAM. México, 1995

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