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CONECTAR SUS PASOS A LOS NUESTROS (Petrograbados Boca de Potrerillos)

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CONECTAR SUS PASOS A LOS NUESTROS  (Petrograbados Boca de Potrerillos)
Muy temprano, tomamos la carretera rumbo a levante. Salimos de la ciudad de Torreón hacia Boca de Potrerillos a 60 kilómetros al norte de la ciudad de Monterrey, un lugar milenario con más de 3000 rocas petrograbadas por nuestros ancestros. Para aquellos que han viajado en carretera por las tierras norteñas de nuestro país, saben que el desierto se deja ver rudo, recio e indomable, pero también encantador y místico. Como aquél poeta describió su retiro al desierto, en busca de paz y silencio, nosotros fuimos en la misma búsqueda, pero también a escuchar con los ojos a nuestros ancestros.

A pocos kilómetros de llegar, nos topamos con un puente caído por la reciente tormenta que había azotado esta parte del país. La carretera estaba bloqueada, y tuvimos que regresar y tomar una ruta alterna que nos llevó cerca de dos horas adicionales, para llegar a nuestro destino. Pensé que ni el ser humano moderno, con sus avances, puede con la naturaleza. Imaginé que nuestros ancestros fueron guiados por estos fenómenos naturales a tierras desconocidas, a explorar el mundo, paso a paso, día a día, mes a mes y año tras año de viaje, experimentando y comprendiendo su diversidad y grandeza.

CONECTAR SUS PASOS A LOS NUESTROS  (Petrograbados Boca de Potrerillos)Finalmente llegamos con el sol de las 3 de la tarde. Decidimos hacer el recorrido desde la parte final del recinto hacia la entrada, con el afán de no perdernos nada. Así tuvimos una caminata agradable hasta los límites del lugar, para luego, en nuestro retorno, detenernos con calma a ver los grabados. Llegamos a un promontorio, en el cual se puede contemplar todo el valle. En la cresta de esa colina, se dibujaba un sendero con dirección a la punta afilada de un cerro, que se asomaba entre la sierra en dirección al noroeste. Pude sentir en la planta de mis pies, la vibración de miles y miles de nuestros antepasados transitando por esa senda. En unas rocas nos detuvimos a meditar, cerrar los ojos, respirar profundo y sentir el lugar. El sol caía a plomo, pero también, el viento soplaba con fuerza. Imaginé a los antiguos transeúntes, siendo refrescados por los vientos de todas direcciones, en ese valle en medio de la sierra, hoy desértica.

En todo momento, se podían percibir flujos constantes de energía, de todas las direcciones, confluyendo en el promontorio, haciendo sentir al recinto como un punto de encuentro y de descanso de nuestros ancestros a través de los milenios. En mi meditación, entendí que en este lugar, se compartían las experiencias y el conocimiento adquirido en las exploraciones de los cientos de grupos. Se trazaron mapas y direcciones teniendo como referencia la trayectoria del sol y de distintas estrellas y constelaciones.

Después de la meditación, decidimos explorar la ladera del cerro que alberga la mayor concentración de rocas petrograbadas. Puntos, cruces, espirales, círculos concéntricos, representaciones de seres humanos, etcétera, como si fuesen pizarrones perpetuos para la enseñanza de los nuevos transeúntes y para nosotros, miles de años después. Además, algunos grabados que nos hacen imaginar que quienes los realizaron, tenían conocimientos acerca de lugares remotos, a miles de kilómetros de ahí, en la otra orilla del océano.

Estar frente a estos grabados, me hizo sentirme parte de estos seres humanos, y comprender que venimos de ellos, y que gracias a sus esfuerzos y conocimientos, estamos aquí miles de años después, manifestando la necesidad de movimiento y de exploración.

Los grabados más antiguos tienen alrededor de 12,000 años de edad, y entre los primeros y los últimos que se realizaron, pasaron 8,000 años. Es increíble pensar que durante ese tiempo, se fueron registrando conocimientos en ese lugar de poder, en esa ?petrobiblioteca?.

Al observar un grabado en forma de caracol, recordé aquella característica de ese maravilloso molusco, que es volver sobre su propio rastro. De algún modo, entiendo que para desarrollarnos integralmente tenemos que salir a explorar, aun sabiendo que la respuesta está en sí en el origen, pero éste solo se nos puede revelar al haber tomado distancia de nosotros mismos. No hay regreso si no has andado, y el sedentarismo del mundo moderno nos hace ir en contra de lo que nos ha mantenido vivos: el movimiento.

Entonces, solo nos quedó de esta experiencia honrar a nuestros ancestros. Honrar sus pasos, sus descubrimientos, sus huellas, sus logros; agradecerles profundamente.

Ese día, con respeto a este lugar sagrado, solicitamos permiso a nuestros ancestros, para tomar los conocimientos de forma vibracional o energética, plantando bien los pies en sus mágicos senderos, conectando sus pasos a los nuestros.

elyascarlos@gmail.com

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