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El Universo de Quetzalcóatl Laurentte Séjurné (fragmentos)

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El Universo de Quetzalcóatl
<br>Laurentte Séjurné
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Laurentte Séjurné
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Veremos que la arqueología confirma este punto, pues comprueba que la imagen de Quetzalcóatl no aparece jamás fuera del contexto de la religión náhuatl, en cuya fuente está invariablemente el hombre convertido en luz. Porque, paralelamente al mito de la Estrella de la Mañana, está el de la creación del Sol, cuyo advenimiento marca los principios mismos de la era náhuatl. Como planeta, este sol anunciador de una nueva edad, emerge también de un cuerpo voluntariamente encendido, y el símbolo demuestra que el ser deforme y turbulento del mito -elegido por los dioses para disipar las tinieblas terrestres a causa de la intensidad de su deseo-, no era otro que el doble de Quetzalcóatl: en los libros pintados, el cuerpo desgarrado del que nace el astro es siempre portador de atributos exclusivos del rey de Tula.

Resulta entonces que la importancia de Quetzalcóatl reside no en su calidad de individuo social, sino en el arquetipo central de una estructura filosófica en la que el hombre, soberano al fin de sus decisiones, logra convertir una masa perecedera en energía luminosa. La voluntad que preside a esta operación primordial se transparenta desde el nombre mismo de la Edad que inicia: la era quetzalcoatliana es llamada Era de Movimiento. Los jeroglíficos nos ilustrarán sobre la verdadera naturaleza de ese movimiento creador.
Una vez que Quetzalcóatl asume el papel de arquetipo, su omnipresencia deja de ser misteriosa. Por otra parte, los textos expresan unánimemente que hasta la caída del imperio azteca, el más alto dignatario del sacerdocio llevaba el título de Quetzalcóatl, y que representaba ritualmente los principales episodios de su vida. Lo que explica la multiplicación de esos reyes que abandonaron periódicamente su ciudad para dirigirse hacia el país del sol y que hace tan confusa la cronología de los anales.
De esto parece deducirse que el pasado náhuatl fue juzgado por los aztecas más en concordancia con la figura del fundador de la religión que con cualquier jefe político. Esto lleva a creer en la supremacía del pensamiento religioso en el curso de los siglos anteriores al año 1000, y en la indispensable necesidad de profundizar ese pensamiento para comprender un periodo irreducible a las listas de gobernantes y batallas que constituyen los manuales escolares.

La simbólica de Quetzalcóatl
de acuerdo a los jeroglíficos y de los textos resulta perfecto porque la serpiente emplumada-traducción literal de quetzal (pájaro) y como aquel (serpiente)-es, por su singularidad y profusión, el emblema de las antiguas culturas mesoamericanas.
El pájaro
simboliza el cielo. Es siempre un pájaro que representa esta región sobre las pilares cósmicos de los que un bello ejemplo nos ofrecido por el Códice Fejérváry: el universo en sus diversos planos y direcciones, compuesto de cuatro árboles que surgen de las profundidades y se proyectan en el cielo.
El águila representa siempre al sol. Como tal desciende a recibir las ofrendas de los mortales. Y proyectan en el cielo.
El águila representa siempre al sol. Como tal desciende a recibir las ofrendas de los mortales. El colibrí representa tanto al astro en su nacimiento, el alma que se eleva de la tierra.
La serpiente
Simboliza la materia. Su asociación con las divinidades femeninas de la tierra y del agua es constante. El llamado monstruo de la tierra está representado por las fauces abiertas de un reptil. En esta acepción, la materia es sinónima de la muerte, de la nada: cráneos y esqueletos constituyen, con la serpiente, el conjunto de atributos de las diosas.
Sin embargo, esqueletos y serpientes están siempre cargados de un dinamismo que, de germen de muerte, los transforma en germen de vida. Es significativo, a este respecto, que las tres estilizaciones por medio de las cuales reptil está omnipresente en los centros arqueológicos, capten esencialmente el movimiento de estas figuraciones realistas.
Es el llamado xicalcoliuhqui; un motivo en forma de S; los ganchos formados por el entrelazamiento de los cuerpos.
La supremacía de la noción de movimiento ligado al reptil permite discernir que lo que interesa expresar por su intermedio no es la materia inerte, en tanto que devora la vida, sino más bien en su función generadora.
Si tratamos de interpretar el carácter de esta generación de lo que el arte mexicano nos habla con tanto ardor, percibimos que no es de un orden natural. La serpiente realista -es decir, desprovista de todo tributo que le confiere un nuevo carácter- aparece infaliblemente situaciones que transforman su determinismo orgánico: la cola reemplazada por una segunda cabeza en actitud que levantan encima del suelo, y sirviendo de material para extraer el fuego. Los ejemplos podrían multiplicarse. Siempre el cuerpo del reptil está modificado por una acción que imprime un profundo cambio a su naturaleza primera.
La serpiente emplumada
entidad representante de la hibridación repentina de especies aparentemente irreconciliables; unión inesperada de pesada materia adherida al suelo y de sustancia alada.
A pesar de que Quetzalcóatl sea gráficamente traducido por serpiente con plumas, en vez de pájaro con rasgos de serpiente, como debería corresponder, existen sin embargo ejemplos de esta última variante. Conocemos solamente dos puntos: un águila con la lengua bífida y un quetzal entrelazado con la estilización de un reptil. Ello es suficiente para descubrir que la síntesis de la obra de esfuerzos combinados es de dos artesanos y no de uno solo. En efecto, no es únicamente el reptil que tiende a unirse al cielo, sino, curiosamente, el pájaro que aspira la tierra. Este esclarecimiento es valioso para comprender ciertos mitos, así como muchos jeroglíficos. Porque nos enseña que el movimiento que lleva a la unión está concebido en términos de fuerzas opuestas: ascendente en el caso del reptil, descendente en el caso del pájaro. Es, entonces, erigiéndose en toda la su longitud, pero sin abandonar el suelo, el reptil llegar a encontrar al pájaro.
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Tomado de:
El Universo de Quetzalcóatl
Laurentte Séjurné
FCE 1998.






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