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NO EXISTE LA VERDAD “VERDADERA”, …todas son verdades a medias.

  • Categoría: Biblioteca Tolteca
  • Publicado el Domingo, 16 Julio 2017 17:27
  • Escrito por Guillermo Marín
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Nací en la CDMX, soy chilango “coyoacano”. Estudie LAE en la UNAM, no soy investigador y menos historiador, me considero Promotor Cultural del Anáhuac. Durante los primeros 25 años de mi vida estuve totalmente colonizado, y me creía “occidental y mexicano”. Pero me fui a vivir a Europa durante dos años y me di cuenta que, yo, no era Occidental, y después descubrí que tampoco mexicano. Regresé en busca de mi identidad. Tengo casi 40 años de vivir en “Oaxaca, la reserva espiritual de México”.

En este tiempo me he dedicado a convivir, sentir y aprender de los pueblos de raíz anahuaca, y a estudiar la historia y filosofía ancestral, desde una visión crítica y analítica, para descolonizarla. Por esta razón “descubrí” la Toltecáyotl, según el Dr. Miguel León Portilla, dice que es “las instituciones y los conocimientos de los toltecas”, nosotros creemos que es “el arte de vivir en equilibrio”. Descubrí que somos hijos de los hijos de una de las seis civilizaciones más antiguas y con origen autónomo del planeta, y la que alcanzó, la más alta calidad de vida para todos sus pueblos en su esplendor. Que desde que se inventó el maíz y la agricultura hace diez mil años, seguimos siendo una civilización perfectamente definida, aunque, temporalmente, hayamos perdido la memoria histórica y la identidad.

Aprendí que los “expertos” dividen el tiempo histórico “propio-nuestro”, en tres periodos: El Preclásico o formativo representado por la cultura olmeca con más de 7800 años. El Periodo Clásico del esplendor representado por la cultura tolteca con más de mil años. Y El Periodo Postclásico de la decadencia representado por la cultura mexica con más de seiscientos años. En el primer periodo se inventaron los cuatro primeros niveles de la Pirámide de Desarrollo Humano del Anáhuac, con los sistemas de: alimentación, salud, educación y organización. En el segundo periodo se inventaron los tres niveles superiores: la maestría de la conciencia del Ser histórico, la maestría de la conciencia de la sacralidad de la existencia, y finalmente, el máximo logro civilizatorio, la maestría de la conciencia del Ser energético. A partir del “colapso” de mitad del siglo IX, inicia el tercer periodo Postclásico de la decadencia y los expertos lo representan con la llamada “cultura mexica”.

Entendí que la “decadencia” era de tipo filosófico-religioso, más no cultural, porque en 1519, los invasores encontraron en la Ciudad de México-Tenochtitlán la urbe más grande del planeta y con la mejor infraestructura urbana. El estudio descolonizado y crítico de la historia ancestral es lo único que nos permitirá salir de la colonización económica, política, educativa y cultural en que hemos vivido estos cinco siglos. Porque, como personas, familia y pueblo…somos lo que recordamos. La amnesia cultural e histórica que vivimos, es el mecanismo de explotación. La ignorancia de nosotros mismos es la razón de nuestra desgracia.

Primero los colonizadores hispanos y después los necolonizadores criollos, han fundamentado su poder en nuestra ignorancia. La corona española venía con la instrucción precisa del Vaticano, de destruir el conocimiento, es decir, La Toltecáyotl. Destruyeron todo cuanto vieron y estuvo a su alcance en tres siglos, pero muchas otras que no estuvieron a su alcance siguen “intactas”. Después el Estado necolonial de ideología criolla se ha dedicado a tergiversar la “Historia Prehispánica”, para que los hijos de los hijos de los Viejos Abuelos, no conozcan la sabiduría, los valores, principios, las ciencias, el arte y la espiritual que los llevó a alcanzar sus grandes logros civilizatorios. Desde la academia, la SEP, la TV, se ha desviado el conocimiento de la sabiduría ancestral (Toltecáyotl).

En las escuelas se ha enseñado “la historia de la batalla de la noche triste”, se ha exaltado a “los aztecas” como el “gran imperio guerrero del México Prehispánico”. El Estado necolonial, despreciador de la civilización Madre, -“extrañamente-, exalta a los mexicas” como la gloria máxima del México Prehispánico. Opaca y menosprecia el Periodo formativo olmeca, reduce a una cuestión turística a Teotihuacan y la llamada cultura tolteca. La sala principal del Museo nacional de Antropología e Historia es la mexica. Los mayas, zapotecas, purépechas, mixtecos y la cultura tolteca ocupan espacios menores.

El corazón del Imperio mexica-criollo es las ruinas del Templo Mayor, donde los criollos ponen a los mexicas como Europa a los romanos. ¿Cuál es el interés del Estado Neocolonial de ideología criolla?, que el pueblo no conozca los casi 9800 años de historia ancestral y solo se exalte los últimos 196 años (1325 a 1521). Por qué no se aclara que después del colapso del 850, pasaron siglos en los que se despobló el Altiplano Central y solo quedaron algunos pequeños grupos con la sabiduría de la Toltecáyotl. Fue hasta el siglo XII que empezaron a bajar del Norte, pueblos llamados chichimecas con una paupérrima cultura.

Eran cazadores recolectores, nómadas. Vivían en cuevas y se vestían con pieles. No sembraban maíz, no hacían milpa, no hablaban náhuatl. Poco a poco, estos pueblos nómadas se hicieron sedentarios y los hombres se casaron con mujeres de linaje o cultura tolteca, en generaciones se civilizaron e iniciaron en el Altiplano Central, una nueva era, pero nunca dejaron de ser guerreros. Los últimos en llegar fueron los mextin, que poblaron desde 1215 el islote que más tarde bautizarán con el nombre de Tenochtitlán. Para 1440 los mextin cuando Moctezuma Ilhuicamina y Tlacaélel son respectivamente, Tlatoani y Cihuacóatl de Tenochtitlán, empezarán una “reforma filosófica y religiosa”, en la cual se trasgrede las bases de la Toltecáyotl y se crea la Mexicayotl. Tlacaélel fue el Cihuacóatl de tres tlatoanis. Eclipsando a Quetzalcóatl y elevando Huitzilopochtli.

El primero, representación tolteca de la sabiduría, el equilibrio y la educación. El segundo, de origen chichimeca, representante de la voluntad de poder y la guerra material. La cultura sufrió un giro de 180 grados. De la visión espiritual se pasó a una visión materia de la sociedad, la educación y la relación con los vecinos. Las escuelas se militarizaron y se hizo, “razón de Estado” la guerra de dominación con altas exigencias tributarias. Las reformas de Tlacaélel son muy importantes para entender la crisis en que se encontraban al interior de la clase dirigente mexica y el estado, con sus vecinos sojuzgados por las armas. Tlacaélel crea su mítica historia, de ser el último pueblo salvaje en llegar del Norte, se apropia de la historia ancestral de Chicomoztoc y le cambia el nombre a su pueblo, quitándole el mextin con que llegaron como salvajes y le pone mexica “de un pueblo elegido”. Refunda el islote en 1325 y le da una cronología astronómica tolteca.  

Los hijos de la elite dirigente del Altiplano Central, se educaban en el Calmécac de Cholula bajo la sabiduría tolteca ancestral, conocían la verdadera historia y que la sabiduría tolteca estaba siendo manipulada y cambiada. Esta discrepancia con la ideología de poder de Tlacaélel creó profundas fracturas antes de la invasión, no solo entre la clase dirigente mexica, sino con sus propios aliados, especialmente Texcoco, que gracias a Netzahualcóyotl, mantenía viva la Toltecáyotl.  Sin conocer a profundidad esta problemática filosófica-religiosa, no se puede comprender la derrota de los mexicas y la caída de Tenochtitlán, y después, la conquista del Anáhuac con tropas nahuas. No puede ser que 500 delincuentes pudieran vencer “el imperio azteca”. Justamente, el Estado necolonial criollo ha alentado la tergiversación de la historia de los mextin, convertidos en “mexicas” por Tlacaélel y después en aztecas por Humboldt. El crear este “super imperio” inexistente, tiene como finalidad exaltar su conquista por un puñado de “valientes y heroicos españoles”.

De esta manera, en la historia oficial, es la supuesta superioridad tecnológica, cultural, lingüística, religiosa, etc., de los invasores europeos, que permite someter y derrotar a cientos de miles de poderosos guerreros aztecas y su imperio. Subliminalmente, el Estado mexicano, conformado por privilegiados criollos, toca el subconsciente de los descendientes del Anáhuac, que la “superioridad histórica” justifica la superioridad económica, política, educativa, social y cultural de la clase poderosa que controla el país.

Mantener la falsa historia “Prehispánica de México”, con un poderoso imperio azteca, permite que la colonización se siga dando hasta nuestros días. Esta supuesta superioridad de los extranjeros hasta nuestros días, hace que un puñado tenga la riqueza de la nación y que el pueblo lo vea como algo “natural y justo”, porque desde la conquista, así siempre ha sido”. La historia la debemos de re-escribir nosotros, los vencidos, los humillados, los explotados. Tenemos que crear una historia para los pobres, los morenos, los nacos, la plebe. Dejando atrás los “mitos y fantasías” de los aztecas y su inexistente imperio. La Historia nos debe servir para re-conocernos a nosotros mismos. Recuperarnos, resignificarnos y descolonizarnos. La Historia nos debe hacer consientes, libres, dueños de nuestro patrimonio ancestral civilizatorio. Debemos de dirigir el análisis de los mil años de esplendor (200 aC a 850 dC).

Conocer los valores ontológicos de la Toltecáyotl. Los principios esenciales de la persona, la familia, la comunidad, el bien común, la solidaridad, la democracia participativa, la relación con los seres vivos y el cosmos. No basta emplumarnos, danzar, meternos al temazcal y convertirnos en “guerreros aztecas” de fin de semana. Si no conocemos la esencia filosófica de la Civilización Madre, tan importante como las de China o India, quedaremos en el folklor y en el follaje, no llegaremos a la profunda raíz conocida como Toltecáyotl.

Si no revisamos la historia de manera crítica, analítica y responsable, si nos quedamos en el fanatismo y “la defensa pírrica” de lo mexica-azteca, seguirán las matanzas repitiéndose una y otra vez, seguiremos inexorablemente vencidos, el extranjero seguirá viniendo al Anáhuac a enriquecerse a costa de nosotros y nuestros recursos naturales. Debemos de saber en verdad qué pasó en la derrota de los mexicas y la caída de Tenochtitlán. Cuáles fueron las razones y causas verdaderas. Necesitamos descubrir nuestros propios errores, por más dolorosos que sean. Debemos de entender que fuimos nosotros mismos los que nos conquistamos, los que nos traicionamos. Que la Conquista ha sido una guerra fratricida, lucha entre hermanos, hasta nuestros días.

Que los Malinches, los Chicomecóatl y los Ixtlilxóchitl siguen entre nosotros entregando al pueblo y al país, nada más que ahora se llaman Salinas, Fox, Peña, pero hacen lo mismo. Si la historia no nos libera, la historia no sirve para nada. Muy pronto este país recuperará su verdadero nombre, que es ANÁHUAC, y sus hijos dejarán de ser “mexicanos”. Recuperaremos completamente nuestra memoria histórica, nuestra identidad y activaremos nuestro “banco genético de información cultural”. Recuperaremos nuestra dignidad ancestral.

Algunas personas por ignorancia o malicia, etiquetan mi trabajo como “anti mexica” o “anti azteca”. En un nivel muy elemental, para ellos todo es blanco o negro, buenos o malos. Defienden, según ellos, “la mexicanidad” con los mismos elementos que les dan sus opresores, los neoconquistadores, neocolonizadores y neomisioneros de la academia. Mientras se queden ahí, en los 196 años de la historia de los mextin-mexicas-aztecas, creyendo que “esa gloriosa historia” que inventaron: Tlacaélel, Sahagún, Alva Ixtlilxóchitl, la SEP, y el INHA, seguirán sumidos en el pavoroso “Laberinto de la soledad”. Tratando de “ser” lo que su conquistador les dice que deben ser. De espaldas a la sabiduría ancestral, privados de la sabiduría de los mil años del esplendor del Cem Anáhuac. Huérfanos de la Toltecáyotl. Nosotros seguiremos con nuestro trabajo. Sabiendo que “la verdad” es múltiple, diversa y en ocasiones opuesta. Que nadie tiene "la verdad en la mano".

 Tratando de servir a la comunidad, honrando a nuestros antepasados. Sin miedo y sin ambición.

  

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