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LA CIVILIZACIÓN DEL ANÁHUAC ANTE LA HISTORIA OFICIAL

  • Categoría: Identidad
  • Publicado el Domingo, 12 Febrero 2012 16:50
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Desde la llegada al continente del Cem Anáhuac la cultura europea decretó por mandato real y pontificio, que la civilización agredida era primitiva y demoniaca, por lo cual se “justificaba” la invasión y la colonización para cristianizar a los pueblos salvajes y civilizarlos a imagen y semejanza de España, que, por cierto, apenas hasta 1516 se había constituido en el Reino de España.

En efecto, los reinos de Castilla y Aragón iniciaron después de finiquitar la Guerra de Reconquista (1492) contra los moros, una guerra de conquista contra los reinos de la península ibérica que culminó hasta 1516, sin la dominación del reino lusitano, razón por la cual Portugal ahora es un país independiente.

La presunción de que los pueblos y culturas de las civilizaciones del Cem Anáhuac (Norte América) y Tawantinsuyo (Sur América) eran primitivas y salvajes, sigue vigente hasta nuestros días. No solo porque los escritos de Colón, Cortés y Díaz del Castillo, -entre otros-, se siguen tomando como “fuentes históricas verídicas”, a pesar que hoy sabemos que nunca tuvieron rigor académico, científico y que por el contrario, fueron escritos con mucha ignorancia, dolo y sobre todo, para obtener beneficios personales y/o justificar los delitos de lesa humanidad que cometieron en contra de los indefensos pueblos invadidos y también para justificar la violación a las propias leyes y autoridades peninsulares. Sino porque los dolosos y tendenciosos juicios que se hicieron en el S XVI se han venido repitiendo por los “historiadores” coloniales y neocoloniales, hasta llegar al “Libro de Texto” de la actualidad.

De esta manera se asume por todos, como cosa “verdadera y probada”, que los “aborígenes descubiertos, eran idólatras, caníbales, salvajes y guerreros” y que, por esto, la conquista era “justa y necesaria”, como lo afirmaba Gines de Sepúlveda en el S. XVI en sus debates con Fray Bartolomé de las Casas; y por supuesto, Mel Gipson en el S. XX en su película “Apocalipto”. Como se ve, nada ha cambiado a pesar de que “ya se sabe que no se sabe nada” o muy poco de la civilización del Anáhuac.

Sin embargo, con un espíritu descolonizador e imparcial se puede llegar a dilucidar “la verdad del encuentro de los dos mundos”. De manera honesta se pueden comparar las dos realidades –Anáhuac y Europa-, con elementos cuantitativos y de significación aceptada y comprobada. Como, por ejemplo: concepción del tiempo y el espacio, calidad y nivel de vida de un ciudadano común de Tenochtitlán y Madrid en 1519, y llegar a comparar los procesos religiosos, mientras en el Anáhuac se tenía una religión milenaria con origen autónomo y desarrollo endógeno. Quetzalcóatl se encuentra representado en la iconografía olmeca en el 1500 a.C., sin embargo, en el 200 d.C. lo seguimos encontrando en Teotihuacán y los propios españoles lo vieron representado en 1520 en Tenochtitlán. La figura fundamental de la religión del Cem Anáhuac presente durante tres mil años consecutivos, por lo menos.

Para 1492 los europeos estaban terminando con un largo y oscuro proceso histórico conocido como “La Edad Media”. Habían pasado muchos siglos desde que las culturas grecolatinas habían entrado en su decadencia. Los pueblos vivían en constantes guerras, espantosas epidemias y eran importadores del Lejano Oriente. Los europeos concebían al planeta como una superficie plana, que abarcaba “su mundo conocido” y que terminaba cuando el mar se precipitaba a un gran abismo. En ese entonces usaban el Calendario Juliano, de 365 días cerrados, por lo que cada cuatro años se desajustaba un día. Su religión, -la Católica Apostólica Romana-, venía de una derivación de la judía y ésta a su vez, se había inspirado en la antigua religión Sumeria de Mesopotamia, donde la figura fundamental fue Zoroastro. De modo que su religión no era “original”, y era un préstamo cultural que había tenido muchas transformaciones, deformaciones y degeneraciones entre el cristianismo primigenio y la religión Católica del S. XV.

Por la otra parte los anahuacas provenían de un proceso endógeno de desarrollo cultural en el que no recibieron préstamos culturales de ninguna civilización del mundo, es decir, todo en el Cem Anáhuac era creación propia y no copia o adaptación de otra cultura. A la llegada de los europeos tenían aproximadamente 75 siglos de desarrollo humano, desde la invención de la agricultura y vivían un periodo de decadencia cultural conocido como Postclásico (850-1521 d.C.). Sin embargo, se mantenía viva la herencia cultural tolteca. La región era la misma desde el origen de los tiempos anahuacas, por lo menos la podemos situar en el 3114 a.C. (según la cuenta del tiempo encontrada en una estela maya). La civilización mantuvo por decenas de siglos la misma estructura filosófica-cultural de su “religión originaria”. Es decir, una sola civilización con muchas culturas diferentes en tiempo y espacio, con sus múltiples variantes, pero todas y cada una de ellas unidas a la misma “matriz filosófica-cultural”. Por ejemplo: el símbolo tolteca de la energía luminosa en todas las culturas anahuacas era representado iconográficamente con unas anteojeras y una lengua de serpiente: los nahuas le llamaron Tláloc, los mayas Chac, los zapotecos Cosijo y los totonacos Tajín. Todos compartían el mismo precepto filosófico pero cada uno modificó su representación en tiempo y espacio, de acuerdo a las propias características de cada cultura.

Los pueblos y cultura del Anáhuac habían desarrollado el cero matemático, y crearon a partir de la observación rigurosa de la mecánica celeste un sistema muy complejo, exacto e integrado, de varios calendarios ajustados perfectamente entre sí, -como un maravilloso y perfecto sistema de engranes de reloj-. A partir del movimiento de la Tierra alrededor del Sol tenían una cuenta de 365.2420 días. De la luna de 13 lunaciones anuales y de 354 días, de Venus de 584 días (Venus gira alrededor del sol cada 224.7 días, pero debido a que la tierra se mueve a lo largo de su propia órbita, el planeta aparece en el mismo lugar del firmamento en un poco menos de 584 días) y la genialidad de un calendario en que se armonizaba la mecánica celeste con la energía de los seres humanos llamado Tonalamatl de 260 días, considerado “una de las mayores joyas del talento humano de todos los tiempos”, en donde la astronomía y la astrología en un equilibrio asombroso y perfecto le daban al ser humano una dimensión cósmica integrándolo al universo. Lo que hasta ahora se está “descubriendo” de la sabiduría de la Toltecáyotl, era impensado e incomprendido para los europeos del S. XVI y aún nos sorprende en pleno S. XXI.

Los Viejos Abuelos toltecas compartían un mismo conocimiento en tiempo y espacio entre todos los pueblos y culturas del Anáhuac. De modo que es impropio decir, “el calendario maya o el calendario azteca”, porque era una misma cuenta del tiempo, solo que cada cultura le daba su toque personal iconográfico y lingüístico. Con propiedad podemos hablar de la cuenta del tiempo de la civilización del Anáhuac, manifiesta en las culturas maya, zapoteca, nahua, purépecha, etc. Esta cuenta del tiempo parte del 13 de agosto del año 3114 a.C., pasa por el año 2012 y se han encontrado fechas hasta del año 4000 d.C. Los anahuacas habían predicho con asombrosa exactitud todo tipo de fenómenos astronómicos, desde eclipses solares, lunares, paso del Venus por el Sol, conjunción de planetas, etc.

En la rotación completa del sistema solar en la galaxia, nuestros antepasados hacían una división de dicha elipse en dos, con una fracción cada una de 12.812 años, llamando a la fracción más cercana al centro de la galaxia, Día, y a la parte más alejada de Hunab Ku; Noche, tal cual se divide en día y noche en la Tierra. A su vez, dicha elipse era partida en cinco períodos de 5.125 años: los cuales eran: Mañana, Mediodía, Tarde, Atardecer y Noche. Según nuestros Viejos Abuelos anahuacas, justamente a finales de este año, estaremos ingresando en la mañana galáctica, y es marcada por el rayo sincronizador desde Hunab Ku.

La famosa fecha del 21 de diciembre de 2012, tiene que ver con el final de un gran ciclo de 25,650 años, en el que el Sistema Solar gira en una elíptica en torno al centro de la galaxia en la que nos encontramos, y este es el punto de este ensayo amable lector. Todo lo anteriormente descrito es producto de las recientes investigaciones astronómicas y arqueológicas conocidas como arqueoastronomía, así como con el desciframiento de la escritura maya. Ahora se sabe de los adelantados conocimientos que poseía la civilización del Anáhuac y que seguramente se dieron en la última etapa del periodo Preclásico (antes del 200 a.C.). El hecho de que nuestros Viejos Abuelos tuvieran consciencia del tiempo y el espacio, -no solo humano y de la Tierra-, sino su interrelación e integración con el universo. Nos habla de una concepción del ser humano, la vida, el mundo y el universo, que en 1492 o 1521, ni remotamente tenía los invasores europeos. No puede existir mejor ejemplo para comparar las cosmovisiones y la consciencia que tenían unos y otros. Es el más claro ejemplo de los niveles de desarrollo humano que tenía cada “mundo”, y la forma más directa de acabar con la injuria y la falsedad de la supuesta “inferioridad cultural” de la civilización del Anáhuac.

Occidente inició lo que hoy llamamos “ciencia” en el siglo XVII con Newton, Locke y Descartes. Pero a partir de 1521 destruyeron en el Cem Anáhuac un maravilloso legado de ciencia, único en el mundo, con más de cuatro mil años de desarrollo humano continuo. Quemaron centenares de miles de códices, exterminaron a los hombres de conocimiento, destruyeron las escuelas y los centros de conocimiento, mataron a los maestros e impusieron un sistema colonial de explotación basado en el aniquilamiento de la condición de “ser humano” del invadido-vencido, la destrucción sistemática de su civilización, la condena a la ignorancia y la pérdida de la memoria histórica y la identidad cultural, además de una permanente campaña de denostación y desvalorización de sus logros y alcances, para convencerlos de que su pasado y sus “antepasados” eran ignorantes, caníbales y guerreros, por lo cual se les tuvo –necesariamente-, que civilizar-cristianizar-europeizar.

El mito de “el nuevo continente, poblado de culturas primitivas, guerreras, caníbales y salvajes”, que vino a ser “integrado” a la civilización, a la verdadera religión, a la noción de progreso y desarrollo, es una de las armas más antiguas y eficaces con los que el colonizador-explotador, no solo justifica históricamente el permanente holocausto que se ha sometido a los pueblos y culturas invadidas-explotadas en estos últimos cinco siglos, sino que, permite el total aniquilamiento de una mente crítica y analítica en los descendientes culturales y económicos de los invadidos-explotados. El problema no decrece, sino por el contrario, aumenta desmesuradamente. Cada día las nuevas generaciones a través de la multimedia y la SEP, acrecientan grotescamente la ignorancia de sí mismos. El no tener identidad cultural y memoria histórica, conduce a un estado de ignorancia existencial y por consiguiente a una situación de indefensión y vulnerabilidad total. |No solo en el plano material, sino fundamentalmente, en el plano intelectual y emocional.

Por estas razones, a la distancia de 493 años, debemos y tenemos que empezar a re-construir, re-pensar y descolonizar nuestra verdadera Historia. La gran tarea es la descolonización mental y emocional. Necesitamos los anahuacas saber, quién en verdad somos, cuál ha sido nuestra propuesta histórica como civilización para retomar el camino de nuestro propio desarrollo. Necesitamos conocer cuáles fueron los meta objetivos por los cuales más de diez siglos trabajamos y nos esforzamos, llegando a crear uno de los mayores proyectos constructivos del mudo antiguo en lo que hoy nombramos colonizadamente como “zonas arqueológicas”. Necesitamos conocer cuáles eran las razones y motivos por los que lucharon y trabajaron incansablemente nuestros Viejos Abuelos.  Conocer el “por qué y para qué” de su profunda y compleja sabiduría, en especial en los espacios de lo divino y sagrado de la existencia. Comprender que nuestra civilización Madre no ha muerto y sigue viva y vigente en nuestra forma de ser, hacer y entender el mundo y la vida.

Cuando los anahuacas: nahuas, mayas, zapotecos, etc., así como, mestizos, afromestizos, criollos y hasta extranjeros avecindados descubramos a La Toltecáyotl, en todas sus diferentes dimensiones: “comunitarias-familiares-personales, alimentarias, educativas, de salud, de organización social, divinas y sagradas”, podremos construir un futuro compartido en el que todos seamos hermanos trabajando y luchando por el bien común más elevado de la especie humana. (2012).

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tolteca guillermo marin

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