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EL CALPULLI RAÍZ Y ESENCIA DE LA ORGANIZACIÓN DEL ANÁHUAC.

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<br>EL CALPULLI RAÍZ Y ESENCIA
<br>DE LA ORGANIZACIÓN DEL ANÁHUAC.
Existe mucha confusión para concebir de manera descolonizada la visión del mundo y la vida de la civilización del Cem Anáhuac. Los proyectos de genocidio epistémico desde 1519 hasta nuestros días han dado enormes resultados. Los intelectuales, desde Hernán Cortés, que ?escribe la historia de la conquista? y en ella ?nos describe? y ?nos explica? desde la perspectiva de la supuesta superioridad europea, pasando por los misioneros con su monumental obra escrita, que pretendió ?investigar al otro?, para conocer ?los secretos? de sus demonios y darlos a conocer a los misioneros que iban llegando al ?nuevo mundo? para evangelizar y salvar a los nativos de las garras del demonio; hasta los ?historiadores hispanistas? del Siglo XIX, así como los ?neo misioneros?, ahora disfrazados de investigadores extranjeros, especialmente norteamericanos, que con sus ricas universidades han financiado una diversidad de estudios con bases epistémicas coloniales. Por vergüenza no menciono a los historiadores contemporáneos de México, por su absoluta mentalidad colonizada incorporados al sistema académico occidentalizado de las elites de ideología criolla del Estado neocolonial.

Sin embargo, el desafío está ahí, y aunque resulta casi imposible de vencerlo, resulta también imposible de no intentar luchar en contra de él como una acción de dignidad y de soberanía intelectual.
Haciendo una lectura de un trabajo del pensador ayuuk (mixe) Floriberto Díaz (1951-1995) sobre la comunidad (*), me quedé pensando sobre lo que escribió Floriberto al principio del texto, en el que señala que el concepto de ?comunidad? en español, no alcanza a significar el concepto en su lengua Madre. Después de vivir en Oaxaca e interactuar, preguntar y aprender de la civilización del Anáhuac, porque ?Oaxaca es la reserva espiritual de México?, entendí la preocupación y la aclaración de Floriberto y me puse a trabajar sobre el asunto, partiendo de la base de que la Civilización del Anáhuac, tiene culturas diferentes en tiempo y espacio, pero todas unidas por una misma matriz filosófica-cultural.
Después de un tiempo he llegado a estas conclusiones. Efectivamente, la palabra ?comunidad? no describe con exactitud el concepto anahuaca. Comunidad viene del latín: comoine[m] que significa ?conjuntamente?, ?en común?. Commune [neutro] significa ?comunidad?. En base a la episteme eurocéntrica, que se sustenta en el mundo material, la individualidad, el comercio y la guerra; el concepto de comunidad aplicado a nuestros pueblos ancestrales se refiere a una ?pertenecía común? y como refiera Floriberto Díaz, uno de los elementos de la comunidad es la tierra. Sin embargo, en las comunidades anahuacas no existió, ni existe, la propiedad privada de la tierra, en cambio, ahora, desde la visión occidentalizada se aprecia como ?propiedad comunal de la tierra?. Y justamente ese es el punto que señaló Floriberto al decir que la palabra ?comunidad?, no representa de manera efectiva la visión anahuaca.

Creemos que la palabra que define con puntualidad el concepto de ?comunidad anahuaca? es calpulli, que tiene hondas raíces en la filosofía anahuaca conocida como Toltecáyotl y que se sustenta, no solo en la profunda relación con la tierra, sino en algo mucho más esencial e histórico que tiene que ver con el concepto de ?responsabilidad compartida?. De esta manara calpulli significa un ?responsabilidad en el cuidado de la tierra?, nuestra Madre Querida, por la comunidad, que a su vez, es trasferida o delegada a los ciudadanos o cabezas de familia. La diferencia es que comunidad, en el sentido de la tierra, se refiere a propiedad comunal, y calpulli, en el sentido de la tierra, se refiere a un sentido de ?responsabilidad compartida?. La tierra como sujeto de amor ?la Madre Tierra? y no como objeto de explotación y pertenencia. Calpulli está directamente relacionado con el maíz, la milpa, la solidaridad comunitaria, la sacralidad de la vida y a una historia compartida.

El calpulli es una forma de organización que debe tener más de cuatro mil años de sabiduría y praxis cotidiana de miles de grupos humanos en diferentes tiempos y espacios, y de diferentes pueblos o culturas, pero todas, con unidas en una misma ?matriz-filosófica-cultural?, llamada Toltecáyotl. En efecto, la lengua franca del Anáhuac fue el náhuatl, de modo que por largo tiempo los pueblos se entendieron a través del náhuatl y por consiguiente tenían sus traducciones epistémicas para todas las lenguas existentes. Así podemos afirmar que el concepto filosófico de ?calpulli? tiene su similar en cada lengua anahuaca. Como en el caso de la lengua zapoteca de Teotitlán del Valle, Oaxaca, que se conoce como ?dulizun?.

Pero como dijimos anteriormente, el calpulli, es más que una ?responsabilidad compartida con la Madre Tierra?. Es una forma de entender el mundo y la vida a través de valores y principios que rigieron a los pueblos del Anáhuac por miles de años. Parte del concepto del ?nosotros comunitario? en vez del ?yo individual? occidentalizado. Aquí me baso en los trabajos del Dr. Carlos Lenkersdorf sobre el concepto que llama ?nostrico? de la cultura maya tojolabal, pero que, es común a todos los pueblos y culturas anahuacas. El concepto ?nostrico? tojolabal ?empareja?, no solo a la gente?, sino que ?empareja? a todos los seres vivos con los que compartimos el enrome vientre de nuestra Madre Querida, nos hace iguales a las plantas, los árboles, las hormigas, las montañas o los demás seres humanos, nos hermana con todos y todos poseen derechos y se les debe respeto.

LA RAÍZ
Pero el calpulli tiene que ver también con el linaje y ?los huehues? o ?padres ancestrales?. Parientes que les heredan el prestigio, la tradición y la responsabilidad a sus hijos y a los hijos de sus hijos. El calpulli está sustentado en un ancestro y una interconexión de familias de un mismo tronco que ?viven enteramente juntos en torno a una responsabilidad? formando ?una gran casa?. La experiencia de vida y la cultura de este amplio núcleo familiar a través del tiempo, los lleva a compartir la responsabilidad de la tierra, por ende, el trabajo y la solidaridad. Así como, tradiciones y costumbres que les dan mayor cohesión, especialmente cuando comparten los espacios de lo divino y lo sagrado, la fiesta, el nacimiento, la muerte y sobre todo, la solución a los problemas internos y externos que afectan al calpulli.
En el periodo Clásico del esplendor anahuaca, en general, no existieron las ciudades en el sentido occidental. En efecto, la ?cívitas? latina se refiera no solo a una población con alta densidad, sino posee un contexto ideológico, donde se desprende el de ?civilización y ciudadano?. Las ciudades, por definición, viven de la explotación del trabajo de la gente del campo. Las primeras ciudades se dieron en la civilización sumeria y debemos de recordar que su base cultural fue el comercio. Gracias al comercio la gente puede vivir en ciudades a expensas de los productores rurales de alimentos y esto se lograba a través del dinero y la explotación. El comercio, el dinero y la guerra, serán las bases culturales de los sumerios y de los chinos, que posteriormente llegarán a occidente por Alejandro el Magno y Marco Polo.
No así en el Anáhuac y el Tawantinsuyo, que son una sola civilización y no dos, como afirman ?los expertos?. En efecto, en el Anáhuac no existió la propiedad privada, la moneda y por consiguiente en el comercio, especialmente en el periodo Clásico, aunque aproximadamente un siglo antes de la invasión europea, los mexicas si comerciaban con ?los pochtecas? a través del cacao y piezas de cobre que se usaron como instrumentos de cambio, pero que no llegaron a ser moneda. La filosofía de vida de la Toltecáyotl no se basa en la guerra, el comercio, el atesoramiento, el consumo de bienes suntuarios, por ende, no existieron ?ciudades? en el periodo Clásico, con la excepción ?hasta ahora conocida- de Cantona en Puebla, pero que se debe a la extraordinaria cantidad de obsidiana existente en el lugar, lo que permitió una ciudad con más de cuatro mil calles, ya que los habitantes se dedicaban a abastecer la necesidad de gran parte del Anáhuac de instrumentos que se hacían de esta piedra y que eran intercambiados para asegurar la subsistencia pero sin ánimo de explotación y acumulación.
Y es aquí donde entra de nuevo el calpulli para definir el mundo y la vida de los anahuacas a través de la Toltecáyotl. Como decíamos, las ciudades son aberraciones humanas, no solo por el hacinamiento, sino por los problemas técnicos que se crean para su existencia y que dañan al ecosistema. El ser humano al perder su contacto con la tierra y sus ritmos y tiempos, así como con la producción de sus alimentos con sus propias manos, se va desenraizando, enajenando, desconectándose de la realidad vital de la vida. La Toltecáyotl llegó a concebir el calpulli como un espacio intermedio entre el trabajo comunitario de la tierra y las necesidades propias de la administración y organización de un grupo humano, encontrando ?el equilibrio? buscado a través de la Toltecáyotl.


<br>EL CALPULLI RAÍZ Y ESENCIA
<br>DE LA ORGANIZACIÓN DEL ANÁHUAC.


LA ESENCIA
Existían dos clases de calpulli, mayoritariamente el ?calpulli rural?, y en especial en el periodo Postclásico, haciendo énfasis en los pueblos nahuas del Valle de México, el ?calpulli urbano?, que a pesar de que llegaron a tener un gran número de habitantes como el caso de la ciudad de México-Tenochtitlán, que era la ciudad más grande en el mundo en 1519, eran una verdadera excepción y como se sabe, los mexicas transgredieron la Toltecáyotl, y un buen ejemplo fue la grandiosa construcción de su capital.
El calpulli está formado por un grupo de cabezas de familia unidas a un linaje o tronco común familiar. Sus casas dispersas, generalmente contaban con un huerto y una milpa pequeña, formaban caseríos, muy cerca de las tierras de cultivo que generalmente se trabajaban de manera conjunta. Los pueblos se constituían en general de cuatro calpulli, orientados hacia los cuatro rumbos cardinales y estaban unidos por un espacio central llamado calpulco, de carácter y uso común, donde estaban los edificios públicos y residían algunas autoridades. El Telpochcalli o ?Casa de los jóvenes? y el Ichpochcalli la ?Casa de las doncellas? (escuela elemental hasta la edad de casarse), el cuicacalli centro de educación artística, el amoxcalli (biblioteca), el tlaxco o cancha de juego de pelota, el tianguis o mercado, el Cu Mayor o Huy Teocalli y edificios adyacentes para el culto, bodega de las armas, para almacenar los granos, entre otros, dependiendo de la cultura, el lugar, la cantidad de habitantes y la época histórica.
Según el Dr. Ignacio Romerovargas Iturbe, las cinco características del calpulli son las siguientes: ?1.- Autonomía. El calpulli era esencialmente autónomo, o sea que su gobierno dictaba sus particulares normas basadas en las costumbres locales, con independencia de los demás calpulli, pero siempre de acuerdo con los lineamientos generales que establecía la legislación regional y federal del Estado. 2.- Autarquía. El calpulli poseía un gobierno propio emanado de sus miembros conforme a las normas particulares establecidas en cada calpulli. 3.- Autosuficiencia. O sea que el calpulli podía bastarse a sí mismo con sus propios recursos económicos ya fuera agrícola o industrial y humanos, con su personal particular. 4.- Territorialidad, porque para poder llenar sus funciones el calpulli necesitaba poseer en propiedad soberana una fracción del territorio rural o urbana. 5.-Federalidad, pues formaba parte activa de una unión regional que lo incorporaba a la gran entidad del estado, por lo que tenía también dos representantes ante el gobierno federal del Estado.?

Los calpulli se organizaban bajo ?la democracia participativa tolteca?, que puede tener más de tres mil quinientos años de experiencia en la organización comunitaria de los pueblos y culturas del Cem Anáhuac, desde lo que hoy es Nicaragua (hasta aquí el Anáhuac) llegando hasta Canadá. La base del gobierno del calpulli es la Asamblea, dirigida por un organizador (Tlatoani) y un administrador (Cihuacóatl), que ?mandaban obedeciendo? a los acuerdos que por conceso tomaba la Asamblea. Todos eran asesorados y supervisados por un consejo de ancianos o ?consejo de prudentes? (tlatócan), personas con mucha experiencia en el servicio a la comunidad y de alta solvencia moral. Todos los puestos eran rotatorios y de servicio al bien común conocido como ?tequio? otorgados por la Asamblea por méritos y servicios prestados con anterioridad, que comenzaba desde la juventud y en que participaban mujeres y hombres. El trabajo no remunerado por el bien común era muy apreciado y de alto prestigio entre los habitantes. Este prestigio se heredaba como una responsabilidad a sus descendientes. Cada calpulli elegía cada año a dos jueces que intervenían en favor de la comunidad y en los conflictos familiares. El calpulli se hacía cargo de la educación de sus niños y jóvenes, el calmécac, la escuela de altos estudios no existía en todos los calpulli y generalmente se ubicaban en centros geográficos y calpulli de gran tamaño. En general los calpulli tenían por lo menos dos actividades productivas, la más importante era la agrícola y la segunda, de carácter artesanal, para crear artículos de uso común que eran intercambiados en los tianguis regionales y las fiestas patronales de los calpulli. El calpulli se organizaba a través del tequio para construir y darle mantenimiento a todos los edificios de uso público, así como pozos de agua, cuidado del bosque o selva, y los caminos. Así mismo el calpulli se encargaba del sostenimiento del culto y la educación.

El calpulli, al igual que el maíz, la milpa, la chinampa, el chocolate, el amaranto, la cuenta perfecta del tiempo, el sistema de educación pública, ha sido uno de los grandes aportes, entre muchos otros, que la Civilización del Cem Anáhuac le ha dado al mundo, es un gran tesoro y legado de sabiduría y experiencia de vida comunitaria. Uno de los factores que coadyuvaron a crear esta sabiduría, sin lugar a dudas fue, que existieron Elementos Culturales alentados por la Toltecáyotl, que influyeron en el desarrollo del Calpulli. Indiscutiblemente que estos fueron: la NO invención de la propiedad privada y el dinero, la cultura de austeridad y frugalidad que las nuevas generaciones recibían en el sistema educativo que impedía una visión materialista y consumista. Qué durante milenios no fueron pueblos militaristas y guerreros. Que el objetivo civilizatorio era coadyuvar al logro y mantenimiento del ?equilibrio de los cuatro rumbos de la existencia? (quincunce) y plenitud de los seres vivos, y el desarrollo espiritual de los seres humanos.

CENCALLI
Los calpulli estaban ligados entre sí por lasos culturales, religiosos, lingüísticos y de parentesco, determinados también por la geografía. A pesar de que la autonomía de cada calpulli era absoluta, se confederaban entre sí de manera regional hasta crear federaciones autónomas y autárquicas, flexibles e independientes, pero siempre unidas por principios y valores compartidos por la Toltecáyotl. El calpulli seguía un modelo ?fractal?. Se reproducía a sí mismo, pero guardando la base filosófica. Este ?modelo? llega hasta nuestros días al conocer el interior de una comunidad anahuaca, no importa de qué parte del país sea, en esencia, comparten los mismos valores y principios, así como la interpretación del mundo y la vida.

A partir de la invasión europea las instituciones, leyes y autoridades anahuacas fueron suplantadas por un orden imperial-colonial. El calpulli, como toda la sabiduría anahuaca fue proscrita, perseguida y exterminada. Afortunadamente no se logró completamente y gracias a la cultura de resistencia de los pueblos anahuacas se mantiene de diversas formas en el siglo XXI. Tan solo en el estado de Oaxaca, donde existen 570 municipios, en 418 de ellos se rigen por ?los usos y costumbres ancestrales del Anáhuac?. El Sistema Colonial impuso por la violencia ?las congregaciones? para poder explotar de mejor manera la mano de obra anahuaca al concentrar a los anahuacas, creando los ayuntamientos con el modelo de la Edad Media europea. Prohibió las Asambleas e impuso a las autoridades coloniales, convirtiendo al principio del Siglo XVI a los tlatoanis en ?caciques?, al servicio de la maquinaria colonial. Al calpulli urbano se le obligó a convertirse en ?barrio?. A propósito se perdieron las milenarias costumbres y tradiciones, y solo se mantuvieron las que modificadas, les convenían a los colonizadores y las autoridades coloniales.
Ante el brutal fracaso de la Modernidad y el sistema capitalista, que está destruyendo la vida en el planeta, el calpulli es una excelente forma de organización, que nos puede ayudar a reencausar el rumbo y recuperar el equilibrio perdido. No podemos seguir intentando, con las ideas del colonizador, encontrar la plenitud de nuestros pueblos. El sistema colonial que implantaron los españoles y el neocolonial que hace dos siglos implantaron los criollos, solo nos ha empobrecido y enajenado, por la sencilla razón que está planeado como sistemas de explotación de los seres humanos y la depredación de la naturaleza para la creación de riqueza para unos pocos a partir del sufrimiento de las mayorías. El futuro de nuestra MATRIA está en la recuperación de la memoria histórica y por ende, la sabiduría milenaria de nuestros Viejos Abuelos conocida como Toltecáyotl. Como un acto de soberanía y dignidad tenemos que sacar del ?conocimiento silencioso? a la Toltecáyotl.

Ante el evidente e innegable fracaso de la Modernidad, la democracia, el eurocentrismo que vive ?el mundo libre?, y sobre todo, ante la gran crisis que enfrentamos ante la corrupción e inmoralidad del Estado de ideología criolla neocolonial, que está afectando la convivencia y la organización de las personas, las familias y las comunidades en México, se debe de ?re-pensar? el calpulli ancestral como una sabiduría y milenaria experiencia en la organización de los seres humanos, que buscan el bien común y la plenitud armónica con todos los seres vivos con los que compartimos la responsabilidad de mantener la armonía con nosotros mismos y con nuestra Madre Querida.

Guillermo Marín.
Verano del 2015
Oaxaca.


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