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Miseria y esclavitud, patéticas piezas de la identidad rarámuri

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Miseria y esclavitud, patéticas piezas de la identidad rarámuri



Jessica Xantomila
Periódico La Jornada
Viernes 24 de junio de 2022, p. 4
La sierra Tarahumara de Chihuahua es una zona históricamente olvidada, con pobreza, abandono y miseria que ha sido secular y que en la propia memoria ritual rarámuri es algo que se ha ido consolidando cada vez más como una suerte de elemento identitario, aseveró el investigador Carlos Hernández Dávila, de la Escuela Nacional de Antropología e Historia.

En un conversatorio sobre el asesinato de los sacerdotes jesuitas Javier Campos Morales y Joaquín Mora Salazar el lunes pasado, en Cerocahui, señaló que los rarámuris han tenido que desplazarse por la violencia cada vez más compleja del crimen organizado, que los obliga a trabajar de forma esclava los plantíos de amapola y a cuidarlos, o les han quitado la tierra donde siembran maíz.

Además, expuso, esto ?ha implicado que los jóvenes, con rango de edad más allá de los 12 años, se involucren activamente como halcones en varias zonas de toda la sierra?. Asimismo, señaló, al trasiego de amapola del narco, hay que añadir trasiego, control y explotación de las reservas forestales.

Miseria y esclavitud, patéticas piezas de la identidad rarámuri



El investigador también se refirió a la influencia de que Cerocahui esté cerca del llamado Triángulo Dorado, conformado por Sinaloa, Chihuahua y Durango. .

La lógica territorial en esa región, mencionó Hernández Dávila, ha dispersado la violencia por la zona, no solamente de ese triángulo, sino que también se ha desplazado hacia La Laguna, Coahuila, y otras partes. También incluye ?la imposición, la compra o la desaparición de candidatos a presidentes municipales.

Los sacerdotes de la Compañía de Jesús saben que esto sucede. Hay religiosos en Creel que saben a veces con quién hay que hablar para tratar de moderar un poco la violencia en la zona, y esto no es una derrota de los jesuitas, ni de la Iglesia, sino son salidas desesperadas para tratar de negociar con quien efectivamente tiene el control territorial.

Fernando González, del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, consideró que el asesinato de los dos sacerdotes no parece obedecer a una acción planeada por el crimen organizado sino un acto individual.

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