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Comunidad y comunalidad. Floriberto Díaz Gómez

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Comunidad y comunalidad. Floriberto Díaz Gómez
En estas páginas quiero consignar solamente lo que considero debe ser importante para que tanto
los propios mixes como los extranjeros reflexionen sobre nuestros pensamientos y conocimientos,
que se hacen realidad en nuestra vida familiar y comunitaria. No he querido generalizar, sino
particularizar esta reflexión a partir de una comunidad, desde la cual hago el ejercicio.
De entrada tengo que asumir que polemizo con la tesis que postula la autonomía regional
pluriétnica como la única autonomía de la cual se debe hablar y que considera las otras formas de
autonomía como literatura barata (como Héctor Díaz-Polanco, Guadalajara, Jal., octubre de 1994).
La propuesta autonomista que pretenda ser la verdad se convi erte fácilmente en dogmática e
intransigente, de una forma u otra expira racismo y prepotencia, y en el caso mexicano, desconoce
las realidades indígenas.
Considero que, por higiene mental, la discusión de las autonomías no puede provenir solamente
de disertaciones teóricas sino, y sobre todo, de la reflexión de las realidades concretas en las cuales
se matizan ciertas prácticas autonómicas, conservadas a pesar, y aun en contra, del Estado-nación
dominante.
Hasta el momento, las experiencias autonómicas regionales tienen sentido solamente en cuanto
cuñas políticas, mecanismos de presión para obligar al Estado a sentarse a dialogar para buscar la
solución a los planteamientos de comunidades enmarcadas en una determinada región y algunas
cuestiones de orden general.
Las autonomías a partir de propuestas académicas no han podido hacerse realidad como forma de
organización y de vida concreta en una comunidad o una región. Por lo menos hasta ahora.
Sin embargo, hablar de las autonomías, tal como se ha estado haciendo, no sólo provoca rechazo
por parte del Estado-gobierno, sino que también aborta sus posibilidades de existencia como una
forma de mejorar las condiciones de vida de las comunidades o de los sectores sociales en los
cuales se pretende introducir. Por otro lado no hay que ignorar las relaciones conflictivas que se dan
entre las comunidades de un mismo pueblo indígena y con los diversos pueblos indígenas
fronterizos.
Si se da de hecho, debemos tener en cuenta que sucede precisamente en un ambiente
coyuntural de conflicto. Y en tanto se pueda mantener cierta fuerza frente al Estado, se mantendrá,
pero una vez superada la relación conflictiva ¿cuál será la energía que mantendrá la autonomía si
vuelven a surgir los pequeños problemas que, en efecto, pueden olvidarse ante problemas y
aspiraciones comunes?

Considero importante enriquecer la discusión a partir de experiencias autonómicas concretas,
que existen aún por la propia fuerza de las comunidades y pueblos indígenas.
En este sentido mantendríamos el debate de las autonomías en una dinámica de un proceso
social, no sólo de hecho sino en su elaboración e interpretación teórica.
Podríamos hablar entonces de varios niveles de autonomía: comunitario, municipal,
intercomunitario, intermunicipal, del conjunto de comunidades de un solo pueblo, entre varios
pueblos indígenas y otros sectores sociales.
Considero fundamental escuchar el resultado de las reflexiones surgidas de las propias prácticas
de los indígenas, cuya militancia se da en las mismas comunidades y no desde las metrópolis de
las entidades o del país; reflexión sin sesgo del racismo que muchas veces se manifiesta como
paternalismo o como solidaridad condescendiente.
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Cultura indígena
Diálogos en la acción, segunda etapa, 2004 DGCPI 366
Con ello no descarto lo valioso de los aportes que tienen los estudios académicos en torno a las
autonomías, sino que sostengo la necesidad de enriquecer la discusión bajo un marco de
disponibilidad complementarista de ideas, bajo la consigna de que la autonomía, en ideas y en la
práctica, debe trabajarse como un proceso social y político.
Desde la perspectiva de las organizaciones comunitarias e intercomunitarias, incluso hasta
intermunicipales, podemos hablar de diversas experiencias, cuando las comunidades-modelo
ejercen control sobre sus decisiones internas y sus respectivas ejecuciones.
Todo pueblo que ha vivido durante varios siglos desarrolla una filosofía en torno a la vida y a la
muerte; respecto a lo conocido y a lo desconocido; frente a sí mismo como un conjunto de seres
humanos, y frente a los demás seres que pueblan y habitan la Tierra, como la Madre Común. No
siempre es fácil que el mismo pueblo explique en qué consiste su filosofía o cuáles son sus
elementos; sin embargo, sucede que otros son quienes pretenden hacerlo, pero en su intento
muchas veces enuncian los elementos pero sin llegar a entenderlos a profundidad porque no son
parte de su vida cotidiana, y si los conocen la razón es que los han encontrado en sus
investigaciones. En este sentido es respetable su aporte, en cuanto constituye una reflexión que
debe motivar mayor reflexión entre los interesad
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Cultura indígena
Diálogos en la acción, segunda etapa, 2004 DGCPI 367
Ordinariamente, para un académico o para un político de cultura occidental, la comunidad es un
simple agregado de individuos a partir de su aislamiento egocéntrico, en este sentido es como
puede entenderse la definición de conjunto. Se trata de una comunidad aritmética.
¿Qué es una comunidad para nosotros los indios? Tengo que decir de entrada que se trata de una
palabra que no es indígena, pero que es la que más se acerca a lo que queremos decir. La
comunidad indígena es geométrica en oposición al concepto occidental. No se trata de una definición
en abstracto, pero para entenderla señalo los elementos fundantes que permiten la constitución de
una comunidad concreta.
Cualquier comunidad indígena tiene los siguientes elementos:
· Un espacio territorial, demarcado y definido por la posesión.
· Una historia común, que circula de boca en boca y de una generación a otra.
· Una variante de la lengua del pueblo, a partir de la cual identificamos nuestro idioma común.
· Una organización que define lo político, cultural, social, civil, económico y religioso.
· Un sistema comunitario de procuración y administración de justicia.
Cualquier antropólogo o sociólogo sabe perfectamente que en una perspectiva más amplia se trata
de las características de un Estado-nación de corte occidental.
Es decir, no se entiende una comunidad indígena solamente como un conjunto de casas con
personas, sino de personas con historia, pasada, presente y futura, que no sólo se pueden definir
concretamente, físicamente, sino también espiritualmente en relación con la naturaleza toda. Pero
lo que podemos apreciar de la comunidad, es lo más visible, lo tangible, lo fenoménico.
En una comunidad se establece una serie de relaciones, primero entre la gente y el espacio, y en
segundo término, entre las personas. Para estas relaciones existen reglas, interpretadas a partir de
la propia naturaleza y definidas con las experiencias de las generaciones.
En la variante tlahuitoltepecana de ayuujk, la comunidad se describe como algo físico,
aparentemente, con las palabras de nájx, kájp (nájx: tierra; kájp: pueblo). Interpretando, nájx hace
posible la existencia de kájp pero kájp le da sentido a nájx. A partir de aquí podemos entender la
interrelación e interdependencia de ambos elementos y en este sentido se puede dar una
definición primaria de la comunidad como el espacio en el cual las personas realizan acciones de
recreación y de transformación de la naturaleza, en tanto que la relación primera es la de la Tierra
con la gente, a través del trabajo.
La explicación de los componentes comunitarios nos adentra en la dimensión cerebro-vertebral de
la comunidad, de su inmanencia. Nos referimos a su dinámica, a la energía subyacente y actuante
entre los seres humanos entre sí y de estos con todos y cada uno de los elementos de la
naturaleza. Quiere decir que cuando hablamos de organización, de reglas, de principios
comunitarios, no nos referimos sólo al espacio físico y a la existencia material de los seres
humanos, sino a su existencia espiritual, a su código ético e ideológico y por consiguiente a su
conducta política, social, jurídica, cultural, económica y civil.
Bajo el concepto de comunalidad explico la esencia de lo fenoménico. Es decir, para mí la
comunalidad define la inmanencia de la comunidad. En la medida que comunalidad define otros
conceptos fundamentales para entender una realidad indígena, la que habrá de entenderse no
como algo opuesto sino como diferente de la sociedad occidental. Para entender cada uno de sus
elementos hay que tener en cuenta ciertas nociones: lo comunal, lo colectivo, la complementariedad
y la integralidad. Sin tener presente el sentido comunal e integral de cada parte que pretendamos
comprender y explicar, nuestro conocimiento estará siempre limitado.
Dicho lo anterior podemos entender los elementos que definen la comunalidad:
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Diálogos en la acción, segunda etapa, 2004 DGCPI 368
La Tierra como madre y como territorio.
El consenso en asamblea para la toma de decisiones.
El servicio gratuito como ejercicio de autoridad.
El trabajo colectivo como un acto de recreación.
Los ritos y ceremonias como expresión del don comunal.
La Tierra, madre y territorio
La Tierra es para nosotros una madre, que nos pare, nos alimenta y nos recoge en sus entrañas.
Nosotros pertenecemos a ella, por eso no somos los propietarios de tierra alguna. Entre una madre
e hijos la relación no es un término de propiedad, sino de pertenencia mutua. Nuestra madre es
sagrada, por ella somos sagrados nosotros.
La tierra como territorio da parte de nuestro entendimiento. Cada uno de los elementos de la
naturaleza cumple una función necesaria dentro del todo y este concepto de integralidad está
presente en todos los demás aspectos de nuestra vida. No es posible separar la atmósfera del
suelo ni éste del subsuelo. Es la misma Tierra, como un espacio totalizador. Es en este territorio
donde aprendemos el sentido de la igualdad, porque los seres humanos no son ni más ni menos
respecto de los demás seres vivos; esto es así porque la Tierra es vida. La diferencia, no la
superioridad, de las personas radica esencialmente en su capacidad de pensar y decidir de
ordenar y usar racionalmente lo existente.
Los seres humanos entramos en relación con la Tierra de dos formas: a través del trabajo en cuanto
territorio, y a través de los ritos y ceremonias familiares y comunitarias, en tanto madre. Esta
relación no se establece de una manera separada en sus formas, se da normalmente en un solo
momento y espacio. Salvo cuando, por ejemplo, se ofrenda a las colindancias comunitarias, caso
en el que la relación es meramente ritual, porque no se establece una posesión mediante el
trabajo físico, aunque supone la existencia previa de dicha relación objetiva a nivel familiar.
En la relación sagrada, es donde se define también el concepto de la religiosidad mixetlahuitoltepecana. Dicen los abuelos que la gente nada puede llevarse a la boca si primero no ha
ofrendado a la Tierra que le proporcionó lo que ahora tiene en las manos. Es la relación de la gente
con la Tierra la que nos permite definir el concepto de creador y dador de vida; es más, es ella la que
da explicación al concepto de trinidad en la comunidad.
La trinidad como noción para explicarnos el ser y la presencia del creador y dador de vida, tiene dos
sentidos: uno horizontal y otro vertical.
En el sentido horizontal, tenemos lo siguiente:
1. "Donde me siento y me paro".
2. "En la porción de la Tierra que ocupa la comunidad a la que pertenezco para poder ser yo".
3. La Tierra, como madre de todos los seres vivos.
má ntsééni má ntaní} m"ts é npujx nkájp t'y'et nyájx } et naxw'ii'ny'it.
En el sentido vertical, la altura es la referencia de la misma gente a la de la montaña hierofánica.
3. El universo, tsájp naxwii'nyit
2. La montaña, tunaaw kojpkáaw
1. Donde me siento y me paro, má ntsééni ma ntan
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Diálogos en la acción, segunda etapa, 2004 DGCPI 369
con justa razón porque la trinidad es un concepto religioso universal, no un atributo único del
cristianismo.
Es evidente que el concepto trinitario entre los tlahuitoltepecanos no es ningún secreto de élite
religiosa, sino que se refiere a lo cotidiano con un sentido profundo de respeto a la Tierra y a toda la
creación.
La noción de dios, como creador y dador de vida, viene de la comprensión de la inmensidad de
los seres vivos que conviven con la gente. Frente a una madre común, la gente mixe se siente
como alguien más al lado de los seres vivos. Reconoce su inferioridad en cuanta capacidad y
fuerza en los primeros días, semanas y meses de vida, pero reconoce también su superioridad en
los sentimientos y en la comprensión de los demás seres vivos. De aquí que se siente responsable
de entender el trabajo como una labor de concreación, que finalmente significa también recreación
de lo creado. Aceptar la noción de creador y dador de vida para, definir al ser supremo, le significa no
abrigar ninguna duda respecto a su fin y sentido después de la muerte: para ayuujkjü'dy no existe
infierno, sino un lugar común de descanso a donde vamos a llegar todos, el lugar de los abuelos,
en donde todos tenemos que encontrarnos.
La gente, es decir los seres humanos, se relaciona con el creador y dador de vida a través de la Tierra,
es la mediadora, una madre hierofánica por definición, a través de la cual la gente se mira como en un
espejo. Por eso, dios, el creador y dador de vida, es su otro yo, y es macho y hembra por igual.
Para los indígenas, la Tierra como territorio no tiene relación alguna con la noción moderna de
Estado-nación occidental.
El consenso en asamblea para la toma de decisiones
Consecuente con el principio de armonía entre todos los seres vivos, la gente busca cómo lograr
que cada uno de los habitantes actúe positivamente en función de la comunidad, pensando en los
demás, antes que pensar en sí mismo. Visto esto de manera moderna, desde cualquier sistema
jurídico, es bastante similar al principio del "bien común" para definir derechos y obligaciones.
Mientras en cada familia existe el principio de poder radicado en el padre-macho, sobre todo a partir
del adoctrinamiento colonial, en la comunidad el principio de autoridad se dualiza en las personas
convirtiéndose en padres-madres. Existe una continuidad de poder entre una familia y una
comunidad, pero mientras en la familia la potestad paterna se acepta como algo natural, las
autoridades de una comunidad no ostentan el poder por la misma razón sino porque son
seleccionadas y aceptadas en asambleas comunitarias.
Una comunidad es un conjunto de familias que requiere de personas que cumplan con un papel
paterno-materno superior al de los jefes de familia en particular: las cualidades de mando se deben
combinar con la comprensión y dirección paternal. Y es esto lo que busca la comunidad cuando
decide quiénes deben ser sus padres-madres.
La asamblea general, compuesta por todos los comuneros y comuneras con hijos, es la que tiene
la facultad de encargar el poder a las personas nombradas para dar su servicio anual a la
comunidad.
En esta parte vale la pena detenernos para ver cuál ha sido el proceso de las asambleas
comunitarias en Tlahuitoltepec, sobre todo a partir de los años setenta.
En principio, en toda asamblea participan con voz y aprobación consensual todos los asistentes. Sin
embargo, en la realidad ha habido tiempos y circunstancias que no han favorecido la expresión
popular y en su lugar han reducido a los asambleístas a ser levanta-manos y un número más para
los escrutadores.
Se puede afirmar con toda certeza que el empobrecimiento de las asambleas generales devino del
exterior, siendo uno de los instrumentos más importantes el sistema educativo. En particular,
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cuando personas con estudios empezaron a ocupar cargos de mando dentro de la comunidad,
introdujeron las normas que aprendieron a observar y a hacer observar dentro de las aulas con
los niños escolares: no hablar desordenadamente, sino uno por uno, levantar la mano si quieres
hablar, no hacer ruido, etcétera. Esta práctica introdujo en los primeros años de la década de
los setenta la adopción de decisiones por mayoría de votos, mediante el conteo de brazos
levantados, sustituyendo el cuchicheo y el consenso. Obviamente, de una manera paulatina, los
comuneros-ciudadanos fueron perdiendo interés por participar en las asambleas, responsabilizando
de todo a las autoridades y a los estudiados.
¿Qué fue lo que se perdió con esas modalidades occidentales? Al celebrarse una asamblea
general, aún en la década de los sesenta, podrían distinguirse claramente los siguientes
elementos:
1. Era una obligación de las autoridades realizar las asambleas que fueran necesarias durante
su año de servicio, para informar, consultar y adoptar las decisiones más aceptables para casi
todos los comuneros-ciudadanos de ambos sexos.
2. Para los comuneros-ciudadanos era una obligación asistir, porque sino se les castigaba. Casi
nadie faltaba.
3. Todas las autoridades tenían la obligación de presidir las asambleas, nadie podía faltar, ni estar en
estado de borrachera, sobretodo las cabezas, los titulares. De lo contrario se tomaba como una
evidente falta de respeto a las autoridades y era posible esperar una sanción de la misma
asamblea.
4. Las autoridades tenían que saber hablar con respeto frente a la asamblea, saber conducir
bien. Es decir, debían demostrar su don de mando y respeto al poder y la dignidad de la
comunidad.
5. Las autoridades normalmente comenzaban por informar todo lo que habían estado haciendo, en
relación con las decisiones adoptadas en la asamblea anterior, si la hubo, o expresar sus
planes. Cuando había asuntos que merecían la discusión y aprobación de la asamblea, tenían que
plantear claramente el asunto: por qué, cómo, cuándo, con qué, por dónde. Normalmente
terminaban, pidiendo con humildad la palabra de la asamblea, señalando sus equivocaciones y
cómo enderezarse.
6. Cuando no estaban muy claras las cosas, los más ancianos pedían más explicación para la
comprensión de todos.
7. Hecho todo esto, comenzaba el cuchicheo de los asambleístas en grupos espontáneos. Todo el
patio municipal se convertía en un espacio en donde podría suponerse la existencia de miles de
abejas o de abejorros.
8. Así como comenzaron a cuchichear asimismo se iban apagando las voces, quedando los más
ancianos con el encargo de pasar la palabra, el mensaje, a las autoridades.
9. A estas alturas el papel de las autoridades se convertía en el de recolectores de las opiniones
para irlas agrupando, según sus parecidos, porque al final tenían que presentarlas ante la
asamblea para corroborar si estaban en lo correcto o no.
10.Finalmente las autoridades se volvían a la asamblea presentando las propuestas o respuestas que
hubiesen coincidido, buscando la manera de no desechar ninguna de las menos
coincidentes sino tomando elementos de ellas para enriquecer las primeras. Así, ninguno
podía sentirse rechazado y las decisiones se consensaban sin mayor problema, aunque podía
haber algún disidente radical.
11.Las asambleas normalmente terminaban bien, sin abandono.
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12.Las autoridades agradecían la conducción de las autoridades y las animaban a seguir
adelante.
13.Las autoridades a su vez terminaban normalmente agradeciendo a todos y con recomendaciones
más de orden general para la observancia de las buenas conductas dentro de la comunidad.
Si lo anterior constituía las características fundamentales de una asamblea comunitaria, lo que sigue
a continuación podría caracterizar el periodo de los setenta para adelante, salvo algunas
ocasiones en que se ha buscado enderezar lo torcido. Señalarlas pretende justamente buscar
nuevas modalidades que respondan, antes que a cualquier otro interés o estilo de las propias
autoridades, a las demandas de respeto a la comunidad.
1. Salvo la primera asamblea del año, en enero, normalmente para las autoridades realizar
asambleas es un fastidio, argumentan que la gente se cansa. Esto hace que las decisiones las
adopten sin mayores consultas que las del cabildo y son refutadas al final del año o cuando son
reemplazadas por las nuevas autoridades.
2. Los comuneros-ciudadanos conocen su obligación de asistir a las asambleas pero ya no ocurren,
aunque se les amenace con castigos. Y es que se ha llegado al caso de que cuando alguien
opina cuestionando a las autoridades se les encarcela (1995). Cierto es que hay otras causas
para no asistir a las asambleas, como la migración que ha aumentado hacia las ciudades y
otras comunidades, pero aún así antes cumplían con su responsabilidad.
3. Es común ahora que las autoridades-cabezas ya no presiden las asambleas; aunque el consejo
de ancianos critica acremente estas actitudes, hay personas a quienes no causan ningún rubor
las llamadas de atención públicas y reinciden, algunas veces hasta con mañas. Y existe
cierta complicidad entre las mismas autoridades.
4. Aunque en general las autoridades siguen siendo respetuosas con la asamblea, no falta quienes
se enfrenten a ella cuando las decisiones adoptadas no responden a sus deseos. Llegando al
grado de hacer encarcelar a algún asambleísta como escarmiento cuando se les cuestiona. Esto
significa que las autoridades pueden abusar del poder.
5. Ciertas autoridades manipulan la información y conducen la asamblea para apoyar las
propuestas, previamente elaboradas y solamente piden a los ciudadanos que se definan por la
propuesta que mejor les convenza y levanten la mano, sin que otros influyan en sus
decisiones. Es decir, el cuchicheo de la asamblea se rechaza y se prefiere abreviar el tiempo
mediante el conteo de brazos levantados.
6. Las asambleas de ahora terminan como comienzan: la gente llega poco a poco, y así van
abandonando el lugar, de tal manera que no se llegan a tocar los últimos puntos. La gente se
aburre o no se siente motivada para participar hasta el final.
Perspectivas
En la gestión comunal correspondiente al trienio de 1994-1996, en acuerdo con las autoridades
municipales de 1994, se inició un proceso de reconstrucción de la asamblea comunitaria.
Por tener una población muy dispersa, a lo largo y ancho del territorio comunal, se diseñó y acordó la
realización de asambleas periódicas de información y consulta en siete lugares: en las rancherías de
Tejas, Santa Cruz, Guadalupe Victoria, Nejapa, Las Flores, el Frijol y el Centro. Además, un Consejo
de Ancianos y Principales, terminando con la celebración de una asamblea general. Normalmente
los tres ejes en torno a los cuales giraban las asambleas eran: asuntos agrarios, asuntos
municipales y asuntos del comité escolar de la ranchería (en este caso concreto: de las rancherías).
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Se pudo observar claramente que durante 1994 la participación de los comuneros y comuneras
fue aumentando paulatinamente, tanto en número como en aportación a la discusión. Asimismo se
fortalecía la participación de la gente en las asambleas generales, llegando a un máximo de poco
más de 1 300 personas, pero no menos de 800 durante todo el año, contra los 600 asistentes en
las asambleas que se habían convertido en algo ya tradicional en los últimos lustros.
Sin embargo, durante 1995 la participación en las asambleas generales bajó sustancialmente casi al
mismo nivel de los años anteriores, comenzando el año con poco más o menos 800 personas y se
fue hasta menos de 300 personas en uno de los llamados. A pesar de ello, en las rancherías
siempre hubo suficiente gente, manteniéndose casi en la misma cantidad.
La explicación de este fenómeno varía, según desde donde se vea:
· Que la gente ya se cansó de lo mismo.
· Que la gente fácilmente pierde el interés.
· Que por realizarse en las rancherías, la gente no siente necesidad de ir a la asamblea general.
· Porque las autoridades principales no van a las rancherías.
· Porque no hay buen entendimiento entre las autoridades comunales y municipales.
· Porque a las autoridades municipales no les interesa informar y consultar a la población para
tomar sus decisiones.
· Porque si la gente cuestiona a las autoridades, pueden ser encarceladas (como sucedió en
1995).
El lugar donde menos participa la gente en la asamblea que le corresponde, es el Centro. Es más,
algunas personas de allí mismo empezaron a divulgar que las asambleas de consulta eran acciones
divisionistas por parte de las autoridades (se tiene que entender que se trata de las autoridades
agrarias).
Esto hizo que las autoridades agrarias en el cuarto y último recorrido por las rancherías tuvieran que
someter a consulta de los propios comuneros si en efecto sentían las asambleas como una
invitación a dividirse, y para que los del Centro dieran su punto de vista.
Existen ciertos indicadores, no necesariamente jerárquicos, que animaron a proceder con las
consultas:
1. El crecimiento de la población en Tlahuitoltepec es permanente y elevado. Se registran más de
300 nacimientos al año. La población que antes iba por temporadas agrícolas a sus ranchos
ha ido formando verdaderas rancherías con poblaciones de más de 100 personas.
2. Gran parte de la población ranchera de Tlahuitoltepec no tiene casa en el Centro políticoreligioso de la comunidad, lo que hace que en el mayor de los casos no estén enterados de
lo que hacen las autoridades, o en qué trabajan las "comisiones" de tequio anual.
Esto se entiende mejor cuando se observa que la mayor parte de la gente que colabora en el
tequio es de las rancherías y por lo tanto cada día tienen que viajan desde su rancho al Centro y
de regreso.
· Los mecanismos y la capacidad de control de parte de las autoridades es cada vez menor.
· La comunicación entre autoridades y comuneros-ciudadanos es cada vez más difícil e
impersonal.
· La legitimidad de las autoridades tiene serios cuestionamientos que se puede observar cuando la
gente no obedece el mandato de las autoridades.
· Permitir que todo lo anterior se desarrolle sin ningún problema puede, en efecto, provocar algún
movimiento separatista de los rancheros.
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A partir de estas consideraciones surgen ciertos principios:
1. Las autoridades deben buscar a la gente para comunicarse con ella, informarla y consultarle
sobre lo que se hace o se pretende hacer.
2. Son las mismas autoridades de mando mayor quienes invitan a la gente a participar a las
asambleas, evitando sean las comisiones de obras comunales.
3. El acercamiento a las rancherías evita cualquier posible irrupción separatista, porque se
establece un conocimiento más directo de los problemas que padece la población.
4. Las autoridades son mejor conocidas y pueden lograr los consensos necesarios para sus
actuaciones.
Debe entenderse perfectamente que consenso no es sinónimo de unanimidad.
El servicio gratuito, como ejercicio de autoridad
Si bien lo anterior... (fin del manuscrito)
_______________________
Tomado de:
http://rusredire.lautre.net/wp-content/uploads/Comunidad.-y-0comunalidad.pdf

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